Entrevista con Barak Obama

 Publicado por el 14 Mayo, 2011 a las 1:44  Destacadas, Paz, Premios Nobel, Sociedad  Añadir comentarios
May 142011
 
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Entrevista publicada en Rolling Stone.

Extensa entrevista con Barak Obama, presidente de los Estados Unidos desde 2008 y flamante ganador del premio Nobel de la Paz en 2009, para la revista Rolling Stone.

Cuando tomó el mando, sintió que podría trabajar con la oposición. ¿Cuándo se dio cuenta de que los republicanos habían abandonado cualquier esfuerzo real por trabajar con usted y crear una política bipartidista?

Bueno, le diré que dado el estado de la economía durante mi transición, entre mi elección y el juramento, nuestro plan de trabajo era que todos iban a querer trabajar juntos, porque había una posibilidad de un colapso financiero y el país entero podía meterse en una depresión. Así que teníamos que trabajar con rapidez para intentar crear una combinación de medidas para frenar la caída libre y parar la pérdida de empleo.

El paquete de recuperación que creamos se hizo sobre la teoría de que no debíamos excluir ninguna idea en términos de predisposiciones ideológicas, por lo que una tercera parte del Acta de Recuperación eran recortes de impuestos. Ahora, resultaron ser los recortes de impuestos más progresivos de la historia, muy orientados a las familias de clase media. No sólo tenía una base de justicia, también una económica; esa era la gente con más posibilidades de gastar dinero y, por tanto, demanda en un momento en que la economía verdaderamente se estaba congelando.

Aún recuerdo el haber ido a la cámara Republicana para encontrarme con ellos y presentar nuestras ideas y solicitar sus ideas antes de presentar un paquete final. Y en camino, la cámara emitió un comunicado que decía: “Vamos a votar no”. Y esto fue incluso antes de haber mantenido la conversación. En ese punto, nos dimos cuenta de que no íbamos a obtener el tipo de cooperación que anticipamos. La estrategia que iban a seguir los republicanos consistía en mantenerse al margen, en tratar de poner trabas al trabajo. Su estrategia se basaba en que la economía probablemente no sería buena, incluso en 2010, y que les venía mejor poder echarnos la culpa a nosotros que trabajar con nosotros para intentar resolver el problema.

¿Cómo se siente respecto al hecho de que, día tras día, existen estos ataques hacia todo lo que propone? ¿Le molesta? ¿Le ha sorprendido?

No creo que sea una sorpresa. Trabajé en el Senado de los Estados Unidos; había visto como estas maniobras de obstrucción se habían convertido en una herramienta rutinaria para ralentizar las cosas, a diferencia de como solía ser, una herramienta selectiva, pero a menudo muy destructiva, porque normalmente se dirigía a los derechos civiles y a las aspiraciones de los afroamericanos que intentaban librarse de las leyes de Jim Crow. Pero había estado en el Senado el tiempo suficiente como para saber que la maquinaria se estaba viniendo abajo.

Lo que me sorprendió y me decepcionó, aunque le debo admiración simplemente por lo efectivo que ha sido, fue el nivel al que Mitch McConnell (líder minoritario del Senado) consiguió mantener su asamblea unida en muchos asuntos. Eventualmente, fuimos capaces de desgastarles, y finalmente pudimos conseguir que se aprobaran leyes importantes, muchas de las cuales no han recibido mucha atención: el proyecto de ley de la reforma de la tarjeta de crédito, la ley antitabaco o la prevención del fraude hipotecario o de vivienda. Pudimos encontrar a dos o tres republicanos que querían hacer lo correcto.

Pero los retrasos, las votaciones de clausura, la obstrucción sin precedentes que ha tenido lugar en el Senado dejó secuelas. Incluso si un día conseguías hacer algo, llevaba tanto tiempo y era tan discutible, que enviaba un mensaje a la gente como: “Dios mío, Obama dijo que iba a llegar y cambiar Washington, y está exactamente igual, más polémico que nunca”. Todo parece alargarse; incluso lo que deberían ser actividades rutinarias, como las citas, no se están haciendo. Así que creó un ambiente en el cual un público que de entrada es muy escéptico con el gobierno pero que quizás tenía esperanzas tras mi elección, se sentía deprimido y pensaba: “Estamos viendo más de lo mismo”.

¿Qué cree que significa hoy el Partido Republicano?

Bueno, en el frente económico, su única agenda parece ser los recortes de impuestos para los americanos más ricos. Si le preguntas a sus líderes qué llevarán en su agenda el año que viene para propiciar el crecimiento y mejorar las cifras de empleo, su respuesta será: “Sólo queremos estos recortes de impuestos para los americanos adinerados: nos costará 700 billones de dólares y nosotros no lo vamos a pagar”.

Ahora, también dirán: “Vamos a controlar los gastos”. Pero, claro, cuando dices que vas a tomar prestados 700 billones para hacer una deducción fiscal de una media de 100.000 dólares al año para gente que gana un millón al año, o más, y no vas a pagarlo; cuando el paquete de impuestos total de Mitch McConnell anunciado recientemente está tasado en unos 4 trillones; cuando tú, como asamblea partidista, rechazas una idea bipartidista para una comisión fiscal que viene de Judd Gregg,  presidente de la Comisión de Presupuestos Republicana y de Kent Conrad, presidente de la Comisión de Presupuestos Demócrata, para que yo tuviera que acabar arreglándolo por la vía administrativa porque no conseguíamos apoyos; no te haces a la idea de que realmente van en serio en cuanto al déficit.

¿Qué opina del Tea Party y la gente que lo apoya?

Pienso que el Tea Party es una amalgama, una mezcla de diferentes tensiones de la política americana que han estado ahí durante mucho tiempo. Hay algunos libertarios convencidos y sinceros en el Tea Party, que generalmente no creen en el intervencionismo social y de mercado. Hay algunos socialconservadores que me rechazan a mí de la misma manera que rechazaron a Bill Clinton, de la misma manera que rechazarían a cualquier presidente demócrata por ser demasiado liberal o progresista. Hay tensiones en el Tea Party causadas por lo que vieron como una serie de casos en los cuales la clase media y la clase obrera ha sido insultada por grupos de presión y Washington, pero su enfado va en la dirección errónea.

Y, luego, probablemente hay aspectos del Tea Party que son un poco más oscuros, que tienen que ver con sentimientos anti-inmigrantes o generados por lo que represento como presidente. Así que creo que es difícil definir el Tea party como un todo, y pienso que aún se está definiendo.

¿Cree que está siendo manipulado?

No cabe duda de que la infraestructura y la financiación del Tea Party vienen de unos lobbys muy tradicionales, poderosos y de gran influencia. No creo que esto sea ningún secreto. Dick Armey y FreedomWorks, que fue uno de los primeros mecanismos de organización para juntar a la gente del Tea Party, están financiados por industrias muy conservadoras y fuerzas que se oponen al refuerzo de leyes medioambientales, a una política energética que sería distinta al combustible fósil por el que estábamos apostando, que no creen en la regulación de la seguridad de los trabajadores en los lugares de trabajo, que se quieren asegurar de que no estamos regulando las industrias financieras de la manera que hemos hecho.

Es indudable que hay ira, frustración y preocupación entre la gente por la que es la peor crisis financiera que hemos experimentado desde la Gran Depresión. Debemos tener en mente que esta recesión es peor que la de Ronald Reagan en los ochenta, la de 1990-91 y la de 2001 juntas.  El fondo del asunto ha sido muy profundo. Esta entidad política le dio en su punto débil y eso siempre enturbia nuestra política y puede enfurecer a la gente. Pero debido a la habilidad de muchos grupos para canalizar mal esa ira, se está traduciendo en una fuerza política importante en estas elecciones.

¿Qué piensa de Fox News? ¿Cree que es una buena institución para América y la democracia?

[Risas] Mire, como presidente, juré defender la Constitución, y la prensa libre forma parte de esa Constitución. Tenemos una tradición en este país de una prensa de opinión. La edad dorada de la prensa objetiva fue un período corto de nuestra historia. Antes, había gente como Hearst que utilizaba sus periódicos muy intencionadamente para promocionar sus puntos de vista. Creo que Fox forma parte de esa tradición, una que tiene un punto de vista muy claro e indiscutible. Es un punto de vista con el que no estoy de acuerdo. Creo que es destructiva en última instancia para el crecimiento a largo plazo de un país que tiene una clase media efervescente. Pero como compañía económica, ha tenido un éxito salvaje. Y sospecho que si le preguntas al señor Murdoch por cuál es su máxima preocupación, será que Fox tenga éxito.

Ha aprobado más leyes progresistas que ningún otro presidente desde Lyndon Johnson. Aún así su base no parece tan encendida como la de la oposición, y no parece que le estén acreditando esas victorias legislativas. Se hablaba de que usted iba a movilizar a los voluntarios de las bases y utilizarlos para presionar al Congreso, pero decidió por la razón que fuera no involucrar al público directamente y no forzar una obstrucción en asuntos como la asistencia sanitaria. ¿Qué le dice a esa gente que ha desarrollado una sensación de frustración – su base – , que siente que usted debe luchar más?

Eso es un montón de preguntas diferentes, así que déjeme ver si puedo contestártelas una a una.

Una de las cosas saludables del Partido Demócrata es que es diverso y tiene opinión. Nosotros tenemos grandes discusiones dentro del partido porque contábamos con un gran abanico de opiniones, y ese abanico creció durante mi elección y en la previa. Así que siempre va a ser duro contentar a todos en el Partido Demócrata.

Parte tiene que ver también con que hay un cambio de mentalidad entre los Demócratas y progresistas donde muchas veces vemos el vaso medio vacío. En plan: “Dios mío, tenemos esta regulación histórica de la asistencia sanitaria que hemos intentado conseguir desde hace 100 años, pero no tenía todos los adornos que queríamos ahora mismo, así que vamos a centrarnos en lo que no conseguimos en lugar de lo que sí conseguimos”.  Ese elemento auto-crítico de la mente progresista es posiblemente algo bueno, pero también puede debilitar.

Cuando hablo a los demócratas por todo el país, les digo: “Despertad. Hemos logrado una gran cantidad de cosas en las circunstancias más adversas que se puedan imaginar”. Entré y tenía que evitar una Gran Depresión, restaurar el sistema financiero para que funcionase y enfrentarme a dos guerras. En medio de todo aquello, puse fin a una de esas guerras, al menos en términos de operaciones de combate. Aprobamos una histórica legislación de asistencia sanitaria, una histórica reforma reguladora financiera y un gran número de victorias legislativas de las que la gente ni se da cuenta. Hemos recuperado billones de dólares de ganancias que iban a los bancos e intermediarios a través del programa de préstamos a estudiantes, y ahora tenemos decenas de billones que llegan directamente a los estudiantes para ayudarles a pagar sus estudios. Expandimos el servicio militar más que nunca.

El Acta de Recuperación representaba la mayor inversión en investigación y desarrollo de nuestra historia, la mayor inversión en infraestructuras desde Dwight Eisenhower, la mayor inversión en educación -combinada, por cierto, con el tipo de reforma educativa que no habíamos visto en este país en 30 años- y la mayor inversión en energías renovables de nuestra historia.

Ves todo esto y dices: “Amigos, esto es por lo que me elegisteis”. Llevo una lista en el bolsillo de las promesas que hice durante la campaña, y aquí estoy, a la mitad de mi primer mandato, y probablemente hemos logrado un 70% de las cosas que prometí que íbamos a hacer; y por cierto, me quedan dos años para terminar la lista, como mínimo. Así que creo que es muy importante que los demócratas se sientan orgullosos de lo que hemos conseguido.

Todo eso ha tenido lugar sobre un telón de fondo en el cual, debido a la crisis financiera, hemos presenciado un crecimiento de la pobreza y un aumento del desempleo, y los sueldos e ingresos de la gente se han estancado. Así que no resulta sorprendente que mucha gente no sienta que estas victorias han tenido un impacto. Lo que también es cierto es que nuestras dos grandes piezas de la legislación, la asistencia sanitaria y la reforma de regulación financiera, no tendrán efecto de forma directa, por eso la gente de a pie no verá el impacto de muchas de estas cosas en unos años. Es muy importante que los progresistas entiendan que sólo en el aspecto doméstico, hemos logrado mucho.

Hemos sido capaces de hacer muchas cosas a nivel internacional: restablecer nuestra relación con Rusia y tener posiblemente un nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas para finales de año, dar vigor a las conversaciones de paz en Oriente Medio, poner fin a la misión de combate en Irak, promocionar una estructura del G-20 que ha perdido mucho de ese sentimiento del norte contra el sur, este contra oeste, para que ahora el mundo entero mire a América en busca de liderazgo, y cambiar la opinión mundial en el sentido de cómo trabajamos en temas como los derechos humanos y la tortura a lo largo del mundo.

Lo que es cierto, y esto es parte de lo que puede frustrar a la gente, es que durante los últimos 20 meses tomamos una serie de decisiones que se centraban en el gobierno y a veces había un conflicto entre gobierno y política. Por lo que había algunas áreas en las que podíamos haber iniciado una batalla con los republicanos, lo cual habría gustado a nuestras bases, pero habría resultado el no conseguir la legislación.

Podía haberme metido a pelear en público y le habría dado energías a usted y a The Huffington Post, y ahora no tendríamos leyes de asistencia sanitaria. Podía haber adoptado ciertas posiciones en aspectos del proyecto de ley de regulación financiera, donde obtuvimos el 90% de lo queríamos, y podía haber luchado por ese 10% restante, y no tendríamos proyecto de ley. Tienes que tomar una serie de decisiones en base a: ¿Qué es lo que estamos intentando hacer? ¿Simplemente intentamos captar a esta gente para las próximas elecciones porque de hecho vamos a gobernar? Tomé una decisión al principio de mi presidencia por la que si tenía la oportunidad de hacer algo que pudiera cambiar las cosas en los años venideros, voy a ir a por ello.

Justo antes de que llegara usted, he anunciado que Elizabeth Warren va a establecer nuestra Oficina de Protección al Consumidor. Esta es una agencia que tiene el potencial de ahorrarles a los consumidores billones de dólares durante los próximos 20 a 30 años; cosas simples como asegurar que nadie te falsifique la tarjeta de crédito, asegurar que las compañías de hipotecas no te conducen a hipotecas de interés más alto porque van a obtener comisiones, asegurar que los préstamos rápidos no vayan a la caza de gente sin recursos… ¿Y sabes qué? Esto es por lo que decimos que somos progresistas. Si no sentimos satisfacción ayudando a las familias de clase media y de clase obrera a ahorrar, tener una educación, ayuda sanitaria, etc; si no es eso de lo que se trata, entonces no deberíamos estar en política. Entonces no somos mejores que el otro lado, porque todo en lo que pensamos es en si estamos en el poder o no.

Déjeme que le pregunte por la reforma financiera. A pesar de todas las cosas que han logrado, como la protección al consumidor, la regulación de Wall Street -especialmente el cierre de las operaciones de derivados que estaban en el centro del colapso financiero- parece que se ha eliminado.

No estoy de acuerdo con eso. Lo que hemos dicho es que la gran mayoría de los derivados se van a vender a través de una cámara de compensación. Y si preguntas a los expertos que cuál era la mejor manera de asegurarse de que los mercados de derivados no hundieran la economía de nuevo, es la transparencia, para que todo el mundo entienda cuáles son las contrapartes, cuál es el trato, cuáles son los riesgos, etc; las cartas están sobre la mesa.

La gente tiene inquietudes legítimas en torno a que, si el borrador de normas creado por todas estas agencias encargadas de implementar una reforma financiera incluye grandes excepciones y de repente puedes tener estos derivados hechos a medida que se venden en una cámara de compensación, entonces podrías acabar con una estructura reguladora inadecuada.

Pero si las normas se escriben como es debido -y confío en que la gente que he asignado a estas agencias las aplicará correctamente- la cosa cambiará. ¿Va a resolver cada problema potencial en Wall Street en un mercado capital, global de trillones de dólares? Probablemente no. Podrían acabar por aparecer nuevos esquemas, nuevas lagunas jurídicas que algunos intentarán explotar. Los grupos de presión ya están moviendo los hilos para influir el proceso de creación de normas en todos estos asuntos, así que debemos permanecer atentos. Pero decir que no mejoramos de manera significativa el control sobre el mercado de derivados; simplemente no es verdad.

También hay inquietud en cuanto a la reforma financiera en torno a que su equipo económico está muy identificado con Wall Street y la liberalización que causó el colapso. Estos son los que se supone que debían controlar Wall Street, y muchos de ellos trabajaban para o tenían relación con bancos como Goldman Sachs.

Antes que nada, déjame decir esto…

¡Trabajaba para Goldman Sachs!

[Risas] Exactamente. Leí algunos de los artículos que Tim Dickinson y otros han publicado en ROLLING STONE. Entiendo el punto de vista que traen. Pero mire: Tim Geithner nunca trabajó para Goldman; Larry Summers no trabajó para Goldman. No hay duda de que traje un grupo de gente que entiende los mercados financieros, de la misma manera que, por cierto, Roosevelt trajo un montón de gente que entendía los mercados tras el crash, incluyendo Joe Kennedy, porque mi trabajo en ese punto era asegurarme de que no sufriéramos un colapso financiero en toda regla.

El motivo por el cual eso era tan importante no era que yo me preocupara de que los tipos que habían ganado cientos de millones de dólares mantuvieran sus bonificaciones para el año siguiente. El motivo era que, cuando hice el juramento, se estaban perdiendo 750.000 puestos de trabajo cada mes. Las consecuencias para la calle, para la gente de a pie, eran catastróficas, y teníamos que frenar la pérdida. Conseguimos estabilizar los mercados financieros a un coste que es mucho menos para los contribuyentes de lo que se había anticipado. La verdad del asunto es que el Fondo TARP acabará costando probablemente menos de 100 mil millones, al fin y al cabo. Y le prometo que, hace dos años, podía haber preguntado a cualquier economista y cualquier experto financiero ahí fuera, y habrían dicho: “Aceptaremos ese acuerdo”.

Una de las cosas de las que te das cuenta cuando estás en mi lugar es que, normalmente, los asuntos que llegan a mi mesa no tienen una respuesta sencilla. Lo que hago habitualmente es trabajar en base a una serie de probabilidades: busco las mejores opciones posibles basándome en el hecho de que no hay opciones fáciles. Si las hubiera, otra persona lo habría resuelto, y no habría llegado a mi mesa.

Eso es cierto para la reforma financiera, para Afganistán, para cómo lidiamos con la amenaza terrorista. En todos estos temas, hay un gran número de factores complejos involucrados. Cuando estás fuera, mirando, piensas: “Bueno, suena simple”. Y te puedes permitir el operar en función de tus principios ideológicos.

Lo que yo estoy intentando hacer, y ciertamente lo que hemos intentado hacer en nuestro equipo, es mantener una estrella polar ahí fuera: ¿Cuáles son los principios básicos que estamos acatando? En la esfera económica, mi principio clave es que América funcione mejor cuando cuentas con una clase media en crecimiento y tienes escaleras para que la gente que aún no ha llegado a la clase media pueda aspirar a hacerlo; y si eso marcha, entonces el país va bien.

¿Cómo se siente personalmente acerca de los gerentes de fondos de inversión libre que están ganando 200 millones de dólares al año y pagando un 15% de tipos de interés? ¿O el tipo que ingresó 700 millones un año y le comparó a usted con Hitler por intentar subirle sus impuestos por encima del 15%? ¿Le irrita?

Debo decir que estoy sorprendido por la retórica que utiliza la prensa de negocios, en la que se nos acusa de ser anti-negocios. Conozco a muchos de estos tipos que abrieron fondos de inversión libre. Están consiguiendo grandes beneficios, se llevan a casa grandes ingresos, pero debido a una norma llamada “interés devengado”, están pagando menos tipos de interés que sus secretarias o que el portero que limpia el edificio. O que los agentes de policía, profesores y propietarios de pequeños comercios. Así que todo lo que hemos dicho es que tiene sentido que ellos paguen impuestos sobre ese tipo como por los ingresos ordinarios.

Entiendo que no puedan no estar de acuerdo con eso. Aún me queda por conocer a una gran cantidad de gente que esté ansiosa por pagar impuestos más altos. Pero lo que apunta usted, que es totalmente cierto, es que lo que debería ser una cuestión de política acaba generando el tipo de retórica que hemos estado viendo: donde yo soy anti-negocios, soy socialista, nuestra administración está intentando destrozar el capitalismo. Eso, pienso yo, se pasa de la raya.

Mi preocupación principal es el americano medio, que gana 60.000 dólares al año y paga impuestos por esos ingresos e intenta llevar a sus hijos al colegio, y en parte como consecuencia de decisiones de Wall Street, siente que su trabajo es inseguro y ha visto reducido su plan de pensiones en un 30%, y ha visto caer el valor de su casa; no creo que sienta mucha simpatía hacia estos tipos, ni tampoco la siento yo.

Hablemos de la guerra en Afganistán. ¿Dónde estaba cuando supo por primera vez de los comentarios que hicieron el General Stanley McChrystal y su equipo y cómo se sintió cuando los pudo leer?

Me encontraba en mi oficina de la residencia, en el Salón de Tratados. Joe Biden me llamó: él fue el primero que supo de ello. Creo que era un domingo por la noche y le pedí a uno de mis empleados que me enviara una copia y leí el artículo. Quiero aclarar desde un principio que considero que el General McChrystal es un hombre excelente, un soldado excepcional,  y ha servido a este país debidamente. No creo que sus comentarios fueran malintencionados. Creo que algunos de los comentarios provenían de su equipo y, en ese sentido, le hicieron un flaco favor. Y me dolió tener que tomar la decisión que tomé. Dicho esto, el general mostró poca visión. Cuando le encargo a alguien responsabilizarse de las vidas de 100.000 jóvenes hombres y mujeres en una situación de gran riesgo, espero que actúe conforme a los estándares más altos, y él no cumplió con estos estándares.

Pero no fueron solamente comentarios casuales y perdonables. En el artículo se mostraba bastante mordaz.

Los comentarios en sí creo que mostraban falta de visión. El resto del artículo se refiere a una serie de opciones muy difíciles y complejas que debemos considerar sobre el terreno en Afganistán, para las que, como decía antes, no hay respuestas fáciles. En ese sentido, el General McChrystal, en respuesta a una preocupación muy seria y legítima sobre las víctimas civiles en Afganistán, dio órdenes que redujeron significativamente el número de víctimas civiles. La otra cara de la moneda de esa decisión es que terminó frustrando a nuestras tropas, que sienten que no pueden tomar la ofensiva de manera eficaz, y puede colocarlas además en situaciones de peligro. Se trata de un debate profundo estratégico, táctico, que se está dando dentro del ejército. El General McChrystal no es el único: el General Petraeus también está teniendo que posicionarse en este debate y yo mismo como Comandante en jefe.

Tratemos de ver la cuestión desde una perspectiva más amplia por un momento. Usted me preguntaba por las razones de la frustración que sienten muchos miembros del sector progresista de este país; claramente, Afganistán debe de ser uno de los primeros puntos en su lista. Yo siempre trato de señalar que, primero, esto no debería ser ninguna sorpresa. Cuando estaba en campaña, fui muy explícito. Dije: “Vamos a terminar la guerra en Irak, aquello fue un error”. Y lo he hecho. Lo que también dije es que tenemos que reforzar lo que estamos haciendo en Afganistán porque es allí donde la amenaza terrorista se gestó inicialmente y tenemos que terminar nuestro trabajo. Eso es lo que estamos haciendo.

Ahora bien, creo que muchos de nuestros partidarios progresistas pensaban que sería más fácil de lo que ha sido llevar a Afganistán a una situación en la que podamos vislumbrar el fin del conflicto. El hecho es que, cuando llegamos al poder, nos dimos cuenta de que la falta de atención que sufría Afganistán era mayor de lo que esperábamos. Le pondré algunos ejemplos sencillos. El Ejército Afgano Nacional, las fuerzas de seguridad afganas, muchas veces eran simplemente reclutadas, se les daba un uniforme, un rifle, y ya está, no recibían ningún tipo de entrenamiento. En términos funcionales, no existía la más remota posibilidad de que pudieran comenzar a reemplazar a las tropas estadounidenses.

Lo que hemos tenido que hacer después de embarcarme en un examen exhaustivo de la situación ha sido decirles a nuestros oficiales sobre el terreno: “Es necesario que desarrolléis una estrategia para entrenar a las fuerzas de seguridad afganas y podremos acabar con el impulso de los talibán, pero voy a establecer una fecha en la cual empecemos la transición y el traspaso de funciones a las recién entrenadas fuerzas de seguridad afganas”. Ahora mismo estamos en ese proceso.

Todo esto está teniendo unos costes terribles. Cada vez que voy a Walter Reed o Bethesda, o cuando estuve en Afganistán,  y me encuentro con chavales que han perdido la pierna o sufren heridas graves de otro tipo, no hago sino pensar en ese coste. Nadie quiere más que yo ser capaz de terminar esa guerra  de una manera que asegure que la región no se use como base para ataques terroristas a los Estados Unidos. Pero tenemos que culminar el proceso en su totalidad. A partir de julio de 2011 comenzaremos un proceso de transición y si la estrategia en la que nos hemos embarcado no funciona, seguiremos revisándola hasta estar seguros de que tenemos una estrategia que funciona.

Pero de acuerdo con toda la información disponible no parece que ninguno de los elementos de la estrategia en Afganistán esté funcionando. Los talibán controlan más territorio del país que nunca. El régimen de Karzai es extraordinariamente corrupto y ha perdido la confianza de su propia gente. El programa para comprar la lealtad de los soldados talibán, que se utilizó con el movimiento Despertar durante el levantamiento popular en Irak, no encuentra suficientes interesados para los 250 millones de dólares asignados al programa. La ofensiva de McChrystal en Kandahar fracasó también. Afganistán se conoce popularmente como la “tumba de los imperios”. Si tenemos en cuenta que el Reino Unido fracaso allí, la Unión Soviética, que contaba con millones de tropas en la frontera, también fracaso allí, ¿qué le hace pensar que nosotros vamos a conseguirlo?

Primero, este asunto es muy difícil. Sabía que era difícil hace un año, y sospecho que de aquí a un año, mi conclusión será que sigue siendo difícil y confuso. Segundo, cuando repasas estos elementos que han, con o sin comillas, “fracasado”… bueno, pues no han fracasado aún. No han tenido éxito aún. Hemos avanzado en términos de crear una línea de seguridad en torno a Kandahar, pero no hay duda de que Kandahar no es un lugar seguro todavía y no más de lo que lo fueron Mosul o Fallujah en algunas fases de la guerra de Irak.

Estoy de acuerdo también en que la guerra de Afganistán es más difícil que la de Irak. Se trata del segundo país más pobre del mundo. Carece de una tradición de administración pública o una burocracia que sea efectiva en todo el país. Hemos acertado al retirar a los rangos intermedios de los talibán. Hemos acertado a la hora de reclutar y comenzar a entrenar fuerzas de seguridad afganas. Hay elementos que están funcionando y hay elementos que no están funcionando.

Debe tener en cuenta que la decisión que yo tengo que tomar es siempre: ¿Si no estuviéramos haciendo esto, que implicaría? ¿Cuáles serían las consecuencias? No conozco a nadie que haya analizado la región y que piense que si nos retiráramos completamente de Afganistán, si el régimen de Karzai colapsara, si Kabul fuera tomada nuevamente por los talibán y la Ley Sharia se impusiera en todo el país, estaríamos más seguros, o que el pueblo afgano estaría en mejores condiciones, o que Pakistán estaría mejor, o que la India estaría mejor, o que veríamos una reducción en potenciales ataques terroristas en el mundo. Ese argumento no se sostiene.

Algunos argumentan que lo que podemos hacer es tener una presencia menor en Afganistán, concentrarnos en actividades contraterroristas, pero con menos soldados sobre el terreno. Hemos examinado todas y cada una de las opciones que existen. Y se lo aseguro: con todos los problemas que tenemos en casa y el hecho de que tengo que firmar cartas a los miembros familiares de cada soldado que muere en Afganistán, si puedo encontrar una manera de reducir el coste al contribuyente estadounidense y, en un sentido más profundo, a nuestros jóvenes hombres y mujeres uniformados, a la par que asegurar que no nos estemos volviendo más vulnerables a ataques terroristas en el futuro, esa va a ser la opción que elija. Pero nos va a llevar varios años resolver este asunto.

Lo ideal hubiera sido que no entráramos en Irak. Después de nuestra victoria en 2001, si nos hubiéramos concentrado en reconstruir Afganistán y hubiésemos desarrollado una interacción más de día a día con Karzai y su gobierno, no nos encontraríamos en esta situación.

Pero sabe usted: tengo que jugar las cartas que me dan. En un mundo ideal, yo no hubiera heredado un déficit de 1,3 billones de dólares y la peor recesión después de la Gran Depresión. Pero uno trabaja con lo que tiene.

Déjeme que le pregunte por el vertido de petróleo del Golfo. British Petroleum despidió a Tony Hayward y mi pregunta es: ¿Por qué conserva su puesto el Secretario de Interior Ken Salazar? La corrupción del Servicio de Gestión de Minerales [Minerals Management Service] era ampliamente conocida en el momento en que llegó al cargo, tal y como han informado ROLLING STONE y otros medios en repetidas ocasiones, y eso fue precisamente lo que contribuyó a que sucediera el desastre del Golfo.

Cuando Ken Salazar asumió su cargo me dijo: “Una de mis prioridades es limpiar el Servicio de Gestión de Minerales”. No era un secreto. Habíamos presenciado los excesos de la agencia y Ken, efectivamente, la reformó para eliminar esas fundamentales faltas de ética: las drogas y otro tipo de situaciones dañinas que salieron a la luz. Lo que Ken admite, y yo admitiría, y de lo que ambos debemos responsabilizarnos, es que no cambiamos plenamente los conflictos institucionales inherentes a la agencia. Si me pregunta por qué no logramos hacer eso, la respuesta simplemente es que este es un gobierno muy grande con mucha gente y cambiar burocracias y agencias es un proceso que requiere mucho tiempo. Sencillamente no nos pusimos a ello con suficiente rapidez.

Dicho esto, la persona que estaba a cargo del Servicio de Gestión de Minerales fue despedida. Trajimos a Michael Bromwich, alguien que, según todo el mundo, se ha tomado en serio limpiar esa agencia. Estamos comprometidos a hacer funcionar ese lugar del modo en que se supone tiene que funcionar. Pero cuando tengo a alguien como Ken Salazar, que ha sido un funcionario público excepcional, que se toma su labor muy seriamente, que sufría cuando veía lo que estaba pasando en el Golfo y había iniciado un camino de reforma si bien no llegó lo suficientemente lejos en cada uno de los aspectos que lo demandaban, tuve que decirle simplemente: “Eres responsable, espero de ti que cambies las cosas”. Confío en que puede cambiarlas y creo que está en el proceso de hacerlo.

James Hanse, el científico de la NASA, y quizá la autoridad más respetada en el tema del calentamiento global, dice que el cambio climático es fundamentalmente una cuestión moral del siglo XXI, comparable a la esclavitud a la que se enfrentó Lincoln y la respuesta al nazismo que lideró Churchill. ¿Está de acuerdo con esta declaración?

En lo que sí estaría de acuerdo es en que el cambio climático tiene el potencial de ocasionar efectos devastadores sobre la gente en todo el planeta y que debemos hacer algo al respecto.  Para hacer algo necesitaremos movilizarnos a nivel nacional y también a nivel internacional.

Durante los dos últimos años, no hemos avanzado tanto como yo quería cuando asumí mi cargo. Es muy difícil avanzar en estas cuestiones en medio de una enorme crisis económica, porque la tendencia natural en todo el mundo es a decir: “¿Sabe qué? Ese puede ser un gran problema, pero ahora mismo lo que es un problema realmente importante es el 10 por ciento de paro”, o “lo que es realmente un problema es que nuestros negocios no son capaces de recibir créditos”. Todo esto ha desviado la atención de un problema que considero una prioridad urgente. La Cámara de Representantes hizo el intento de lidiar con el tema de manera seria. No era perfecto, pero era serio. No recibiríamos ni 60 votos por una propuesta similar en el Senado.

Una de mis grandes prioridades para el año que viene es tener una política energética que trate todas las facetas de nuestra excesiva dependencia de los combustibles fósiles. Puede que acabemos desarrollándola a trozos en lugar de en forma de una legislación omnibús más integral. Pero vamos a mantenernos firmes en esto porque es bueno para nuestra economía, es bueno para la seguridad nacional y, finalmente, es bueno para el medio ambiente.

Hay que entender que, a pesar de la ausencia de legislación, hemos tomado una serie de medidas a lo largo de los dos últimos años que han marcado una diferencia significativa. Le daré un ejemplo, y este es un ejemplo en el que a veces creo que la comunidad progresista del país se limita a apropiarse del resultado, lo da por sentado y después pregunta: “Bueno, ¿y por qué no hicisteis esto otro?”.

Nosotros instituimos la primera ampliación de los estándares de eficiencia combustible en este país desde hace 30 años. Antes se daba el caso de que California tenía una regulación muy estricta y los demás estados tenían regulaciones mucho más débiles. Ahora vamos a tener una sola regulación. No sólo eso, antes los camiones no estaban contemplados y existían todo tipo de lagunas jurídicas. Es así como los todoterreno [SUV] andaban por ahí a 8 millas por galón [3,4km/litro]. Ahora todos están sometidos a reglamentación, no sólo los coches, también los camiones. Hicimos esto con el acuerdo de la industria automovilística que nunca lo había aceptado antes. Estamos retirando el equivalente de millones de coches de nuestras carreteras en términos de las cantidades de gases invernadero generadas.

¿Y esto es suficiente? De ningún modo. El avance que estamos haciendo en energías renovables, el avance que estamos haciendo en la modernización de edificios y en asegurarnos que estamos reduciendo el consumo eléctrico. Todas estas cosas, de manera acumulada, si seguimos en esta línea en los próximos años, nos permitirán alcanzar el objetivo que me propuse, que sería en torno al 17 % de reducción de nuestros gases invernadero.

Pero vamos a tener que hacer mucho más que eso. Cuando hablo con el Secretario de Energía, Steven Chu, quien, por cierto, fue un héroe no reconocido en el asunto del vertido del Golfo (este hombre se fue para allá y ayudó a diseñar el sistema de taponado del agujero junto con los ingenieros de BP) nadie defiende con más ímpetu que él la reducción del cambio climático. Cuando le pregunto cómo vamos a resolver este problema internacionalmente, lo que dice es que podemos lograr prácticamente un tercio de nuestro objetivo a través de la eficiencia y de tecnologías existentes, podemos conseguir otra porción a través de algún sistema de precios para el dióxido de carbono, pero en último termino necesitamos inventos tecnológicos rompedores. Así que las inversiones que estamos realizando en investigación y desarrollo en energías limpias también van a ser importantes para llegar hasta el final en este asunto. ¿Estoy satisfecho con lo que hemos hecho hasta ahora? De ningún modo.

¿Ve la posibilidad en algún momento de colocar todo el peso de su presidencia sobre este tema, tal y como hizo con la sanidad o la reforma financiera?

Sí, no solamente lo puedo prever, sino que estoy comprometido a asegurar el desarrollo de una política energética que tenga sentido para este país y que nos ayude a crecer al mismo tiempo que lidiamos con el cambio climático de una manera seria. Estoy tan comprometido con ello como lo estoy con llevar a cabo la reforma de la inmigración.

Llevo aquí dos años, muchachos. Y una de las cosas que trato de tener presente es que, si hemos conseguido un 70 % de todo aquello a lo que nos comprometimos en la campaña, legislación histórica, y tenemos un 30 % por realizar, bueno, eso es para lo que son los dos años que vienen, o quizá los siguientes seis.

Se comprende que todo el mundo tenga una sensación de urgencia con relación a temas como este. Pero una de las cosas que recuerdo constantemente a mis colaboradores es que hay que mantener la visión a largo plazo. En los asuntos sociales, algo así como “no preguntes, no digas”. Aquí tengo al Secretario de Defensa y al Estado Mayor Conjunto comprometidos a cambiar la política. Eso es un gran logro.

Eso le da crédito.

Ahora bien, también soy el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas que están en medio de una guerra y terminando otra. Así que no creo que sea demasiado pedir, decir: “Hagamos esto de una manera ordenada”, para asegurar, por cierto, que los gays y lesbianas que sirven dignamente a nuestras fuerzas armadas no se vean sujetos a acoso e intimidaciones y otras cosas una vez implementemos la política. Uso esto como ejemplo porque en cada una de estas áreas, incluso en las que no hemos obtenido cierta victoria legislativa importante, hemos progresado. Nos hemos movido en la dirección correcta.

Cuando la gente empieza a preocuparse por “no habéis cerrado Guantánamo todavía”, yo contesto: “Escuche, eso es algo que me hubiera gustado haber hecho ya y no lo he hecho por culpa de la actitud recalcitrante del otro bando”. Francamente, es un tema sobre el que es fácil hacer demagogia. Pero lo que sí he podido hacer es prohibir la tortura. He sido capaz de asegurar que nuestras agencias de inteligencia y nuestro ejército funcionen bajo un conjunto básico de principios y normas que son fieles a nuestras tradiciones de juicio justo. La gente dirá: “No sé, tenéis vuestro Departamento de Justicia por ahí que todavía utiliza la doctrina de secreto de estado para defenderse de algunas de sus actuaciones previas”. Bueno, yo di instrucciones específicas al Departamento de Justicia. Lo que he dicho es que no vamos a utilizar un velo de secretismo para excusar comportamientos ilegales de nuestra parte. Por otro lado, hay ocasiones en las que tengo que proteger a los operativos sobre el terreno, sus fuentes y sus métodos, porque si estos fueran revelados en juicios abiertos, podrían verse en peligro. Va a haber circunstancias en que, sí, no puedo permitir que cada operación en la que nos enfrentamos con una amenaza terrorista real sea publicada en ROLLING STONE.

Estas cosas no suceden de un día para otro. Pero nos movemos en la dirección correcta y eso es lo que la gente debe tener presente.

¿Qué le ha sorprendido más de estos dos primeros años de su mandato? ¿Qué consejo le daría a su sucesor acerca de los dos primeros años?

A lo largo de los dos últimos años, lo que probablemente anticipé pero que uno no entiende plenamente hasta que estás en este trabajo, es algo que dije anteriormente, es que si un problema es fácil no llega a mi mesa. Si hay una solución obvia, nunca llega aquí: alguien más lo ha resuelto hace tiempo. Los asuntos que pasan por mi mesa son difíciles y complicados y la mayoría de las veces implican un choque, no entre el bien y el mal, pero sí entre dos bienes. Y uno tiene que buscar el equilibro y tratar de reconciliar valores encontrados que son igualmente legítimos.

Estoy muy orgulloso de que, como administración, hemos mantenido el norte en lo moral, a pesar de que hemos tenido que sortear asuntos muy difíciles. No quiere decir que no hayamos cometido errores, pero creo que hemos movido al país en una dirección marcadamente mejor tan sólo en los dos últimos años.

¿Qué música ha escuchado últimamente? ¿Qué ha descubierto?

Mi iPod tiene aproximadamente 2.000 canciones y es una fuente de placer para mí. Probablemente todavía me decante más por la música de mi infancia que por las cosas más recientes. Aún escucho mucho de Stevie Wonder, mucho de Bob Dylan, mucho de Rolling Stones, mucho de R&B, mucho de Miles Davis y John Coltrane. Esos son los viejos modelos.

Mucha música clásica. No soy un gran aficionado de la ópera, pero hay días en que Maria Callas es exactamente lo que necesito.

Gracias a Reggie [Love, el asistente personal del presidente], mi gusto por el rap se ha desarrollado bastante. Antes Jay-Z solía predominar, pero ahora tengo un poco de Nas  y un poco de Lil Wayne y alguna otra cosa, pero desde luego no pretendo ser un experto. Malia y Sasha empiezan a tener la edad en la que me ponen al día de las cosas. La música sigue siendo una fuente de alegría y a veces de consuelo en medio de lo que pueden ser días muy difíciles.

Bob Dylan estuvo aquí. ¿Cómo fue?

Esto es lo que me encanta de Dylan: es exactamente como te lo esperabas. No vino al ensayo; normalmente todos estos individuos ensayan antes del evento por la tarde. No quiso tomarse una foto conmigo; normalmente todos los talentos se mueren por tomarse una foto conmigo y Michelle antes del espectáculo, pero él no apareció. Entró y tocó The times they are a-changin. Una interpretación preciosa. El hombre está tan metido en ello que simplemente se le ocurre un arreglo nuevo y la canción suena completamente diferente. Termina la canción, baja del escenario –yo estoy sentado en primera fila–, se acerca, me da la mano, como que inclina su cabeza, me sonríe un poco y se va. Eso fue todo: después se fue. Esa fue nuestra interacción con él. Y yo pensé: “Es así como uno quiere a Bob Dylan, ¿no? No quieres que esté sonriendo y posando contigo. Quieres que se mantenga un poco escéptico con todo el tinglado”. Así que fue un auténtico regalo.

Tener a Paul McCartney aquí también fue increíble. Es un tipo muy cortés. Cuando estaba allí arriba cantando Michelle a Michelle, me dije para mis adentros: “Imagínate cuando Michelle era niña, una niña pequeña en la zona sur de Chicago, de familia trabajadora”. La idea de que algún día uno de los Beatles estaría cantándole su canción a ella en la Casa Blanca… no me podía imaginar algo así.

¿Lloró usted?

Cada vez que pienso en mi esposa, eso me puede quitar el aire. Mi esposa y mis hijos: es algo que me llega mucho.

[Por indicación de sus asistentes, el presidente concluye la entrevista y abandona el Despacho Oval. Un momento después, sin embargo, regresa a la oficina y dice que tiene una cosa más que añadir. Habla con intensidad y pasión, alzando el dedo en el aire repetidamente].

Un último comentario que me gustaría hacer. Es inexcusable para cualquier demócrata o progresista ahora mismo quedarse en la línea de banda en estas elecciones de media legislatura. Puede que haya quejas hacia nosotros por no haber hecho ciertas cosas. Pero ahora mismo, tenemos que elegir entre una Partido Republicano que se ha movido a la derecha de George Bush y que busca afianzar el mismo tipo de políticas que nos llevaron al desastre en un primer momento, versus una administración que, con algunos fallos reconocidos, ha sido la administración de la última generación más exitosa en cuanto a impulsar una agenda progresista.

La idea de que carecemos de entusiasmo en las bases demócratas, de que la gente está sentada sin hacer nada más que quejase, es sencillamente irresponsable.

Todo el mundo debería reflexionar sobre lo que nos jugamos en esta elección y si quieren continuar yendo hacia adelante en los dos años que vienen o los seis años o los 10 en temas clave como el cambio climático, temas clave como cómo devolver el sentido de equidad y optimismo a las familias de la clase media que han visto sus salarios menguados en un 5 % a lo largo de la última década. Si queremos la clase de país que respeta los derechos civiles y libertades civiles, más vale que demos la batalla en estas elecciones. Y, ahora mismo, nos estamos viendo superados en términos de gasto en campaña en una proporción de ocho a uno por las [organizaciones amparadas por el artículo] 527 que la corte de Roberts dice pueden gastar con impunidad sin tan siquiera revelar de dónde proviene su dinero. En cada uno de estos distritos congresionales, vemos a estas organizaciones independientes superar el gasto de los partidos políticos y sus candidatos en proporciones, como digo, de cuatro a uno, cinco a uno, ocho a uno, diez a uno.

Tenemos que sacar a la gente de las líneas de banda. La gente necesita sacudirse esta especie de letargo, necesita animarse. Crear cambio es difícil: eso fue lo que dije en la campaña. Ha sido difícil y la prueba es que tenemos algunos fallos que lo demuestran. Pero si la gente quiere recoger la pelota y retirarse del juego ahora, yo lo interpretaría como que no se estaban tomando en serio esto desde en un principio.

Si vamos en serio, ahora es precisamente el momento en que la gente tiene que redoblar los esfuerzos.

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