Entrevista a Nacho Vegas en 2003

 Publicado por el 9 Mayo, 2013 a las 7:04  Musica  Añadir comentarios
May 092013
 
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Entrevista a Nacho Vegas, uno de los músicos más interesantes del panorama musical español de comienzos del siglo XXI, aparecida en el sello con que ha grabado todos sus discos, limbostarr, y realizada por José Ramón Vélez.

-Tus canciones tienen un alto grado confesional. ¿Hay algo que deberías haberte callado? ¿Hay algo que deberías haber dicho y no lo hiciste?

-Algo que tenía que haberme callado… no, no hay. Hay cosas que sí que, en algún momento escuchando las canciones, a veces, depende del día, me hacen sentir un poco de pudor, pero no creo que eso haya que tenerlo en cuenta para decidir sobre las canciones, ni tener en cuenta las reacciones que pueda tener la gente a la que a lo mejor te estás refiriendo. Y cosas que debería haber dicho… no sé, nunca tuve esa sensación, sobre todo porque si ocurriera hay más canciones y más tiempo para soltar cosas.

-Albert Camus afirmaba que un artista debía innovar en la forma, porque el contenido ya lo daba por supuesto. ¿Tú qué opinas?

Es que el concepto de innovación es muy relativo, pero realmente sí que es la forma lo que tiene más importancia porque que haya un contenido es evidente, la forma de abordarlo es lo que tiene que ver con la perspectiva que adoptas, la distancia que tomas con las cosas que cuentas y eso es lo que realmente importa y hace que una canción en este caso sea algo único, porque bueno, los temas que tratan las canciones, evidentemente ya están muy trillados pero, lo que intento hacer para tener una voz propia es cargar las tintas en la forma. De hecho por eso también digo a veces que tiene tanto valor en la música la interpretación. Una canción no es lo que está escrito en una partitura y una letra escrita, sino la forma en que eso lo actualizas y lo conviertes en algo que suene; por eso una misma canción deja totalmente de ser según quién la cante. Oyes las canciones que los Byrds hacían de Dylan y parecen canciones completamente diferentes.

-¿A peor?

A mí me gustan menos, porque son más blandas, menos expresivas. Y sin embargo los Byrds lo que hacían era precisamente adornarlo todo, darle una forma muy personal, el sonido de ellos con acordes abiertos, guitarras de doce cuerdas y armonías vocales, pero sacrificaban la parte áspera y un poco más violenta que tenía Dylan y convertían una misma canción en dos cosas diferentes.

-¿Intentas adoptar tu filosofía a tus actitudes o tus actitudes a tu filosofía?

-Creo que la actitud se debe desprender en principio de una filosofía propia. Hay una parte intelectual en lo que hago que tiene que ver sobre todo con el momento de escribir las canciones; hay algo que surge de manera espontánea pero luego necesito un mínimo de disciplina para pensar en ello y saber exactamente lo que quiero decir. Lo que más me preocupa es escoger las palabras adecuadas siempre, que cada palabra sea precisamente ésa y no otra. Pero luego cuando toco las canciones con el grupo en directo hay que olvidarse de todos esos planteamientos intelectuales y dejar que solamente sea algo emocional. Digamos que si hay una parte intelectual en las canciones está al servicio de la parte emocional que es la que tiene sentido cuando luego tocas las canciones.

-Más o menos lo que decía Pascal: “Todos los razonamientos se reducen a ceder a los sentimientos”.

-¿De quién era la cita? Sí, básicamente resume lo que te venía a decir.

-En Seronda afirmas: “Ya no sé si con esta lluvia eterna no me habré acostumbrado a la humedad”. Si es cierto que nos habituamos al dolor, ¿cómo se explica que con el paso de los años suframos cada vez más?

-Tiene que ver con el sentimiento de aflicción que está en la novela de Russell Banks “Aflicción”, donde describe ese sentimiento como algo que es diferente al sufrimiento, que es algo de lo que uno es consciente. Sin embargo, la aflicción es como una especie de dolor que yo es a lo que llamo “humedad”, como algo que se mete hasta los huesos pero casi no te das cuentas, y acabas resignándote a ella aunque no quieras. En el libro de Russell Banks describe la vida de un pueblo americano y sobre todo, los personajes son realmente gente amargada o muy, muy… no muy frustrada, sino gente a la que las cosas le salieron mal, que iban hacia algún lado y de repente algo pasó que acabaron condenados a vivir en ese pueblo y a una existencia bastante miserable, a contentarse con lo poco que les ofrecía la vida; Russell Banks decía que eso era la aflicción, que esa gente no sufría, que estaba afligida. ¿Entiendes el matiz?

-¿Hablas de determinismo trágico? ¿No se supone que la aflicción tiene un origen?

-La diferencia no está en el origen sino en la resignación. Es como un dolor pero que empieza muy poco a poco, va haciendo mella en uno, no te das cuenta, y aprendes a vivir con él, y cuando pasan los años miras atrás y te das cuenta que no es como habías pensado y en ese momento sí puedes ser un poco consciente. Pero las cosas son así y no hay más remedio, y ni siquiera puedes quejarte o buscar refugio. Es como la humedad cuando vives en una ciudad costera, está siempre en todas las cosas: en la comida que se queda revenida, en la ropa, hasta en los armarios, en todos los sitios.

-¿Te consideras una persona determinista?

-No sé, eso mismo me preguntaba hoy Ramón Lluis (Bande) y no estoy seguro, no lo tengo claro. Me parece interesante la idea de determinismo, pero vamos, no lo suscribiría. Yo creo que hay una especie de condena en… no sé, para mí hacer canciones -por ejemplo- es algo que hago porque creo que siento que lo tengo que hacer, como si estuviera condenado a ello —condenado en el mejor sentido, vaya, porque me encanta-. Necesitar hacer canciones es algo que yo no elijo, que no puedo cambiar.

-Podría decirse que has caído en el exhibicionismo que todo yonki y todo tímido lleva dentro y, al ser tan consciente de los veinte siglos de represión cristiana y de sus prejuicios, hipocresías y miserias, no sé si “Cajas de música difíciles de parar” se trata de un ejercicio kamikaze o que simplemente has pecado de ingenuo .

No, creo que a su modo la parte exhibicionista que tienen las canciones tiene que ver con la timidez. El otro día me preguntaba Víctor Lenore cuál era la razón por la que hacía canciones, y le contesté que podía ser que una de las razones por las que hago canciones es porque soy tímido, demasiado tímido. Pero ya me di cuenta que no; es algo que creo que vincula mucho, que es muy vinculante a las canciones, pero no es la razón. Si no fuera tímido haría canciones de otra manera y la diferencia sería probablemente que habría menos exhibicionismo.

-¿Temes las consecuencias?

-Algo piensas, pero a posteriori. Prefiero no pensar en eso cuando hago las canciones, ya me preocuparé luego. Me parece importante respetar la canción. Nietzsche decía algo así como que “la gente no se avergüenza de tener pensamientos sucios, se avergüenza de pensar en si la gente supiera que tiene esos pensamientos sucios”, pero en los pensamientos sucios en sí mismos, no hay nada de impúdico en ello.

-Me refiero sobre todo a las consecuencias que puede tener sobre todo en tu entorno más cercano.

-Pero te refieres a algo en concreto, a las referencias a la heroína.

-No sólo eso. Sexo, sexualidad, drogas, infidelidades… El otro día me decías que tenías miedo a darle el disco a tu madre.

-No, no sé si miedo, es una sensación más… Mi madre por ejemplo se podría preocupar, porque sé que lo hacen amigos míos. Pero bueno, es algo que también tiene muy poco que ver con el proceso de creación. Eso ocurre también ya no sólo al hacer canciones, la gente cercana a ti ve ciertas cosas, que haces tal o cuál, y se preocupa. Pero no lo dejas de hacer porque la gente se preocupe. Sin embargo cuando lo pones en canciones, creo que la gente se da cuenta de que hay una transformación cuando la vida real la conviertes en una canción y parece que las canciones son más lícitas que la vida real, que es más reprobable. Conozco gente cercana a mí que se entera que te estás metiendo caballo y se preocupan, pero si en una canción lo pones no lo hacen. Se preocupan sólo de la realidad más pura y dura y en una canción hay más verdad que realidad. Me preocupa pero, ¿qué vas a hacer? Exactamente qué es lo que quieres saber, ¿si eso me condiciona a la hora de hacer canciones?

-Más bien a que la gente se quede más con que consumes heroína que con la incuestionable calidad del disco.

-Hombre, confío en que la gente que se acerque al disco lo haga con inteligencia. Sé que eso puede ser algo negativo, una especie de malditismo que al final eclipse a lo importante, que son las canciones y los discos, pero hasta ahora no me preocupó ni me había parado demasiado a pensarlo, pero es algo que no depende de mí tampoco.

-Me refiero también a nivel personal.

-Me decía un día Balsera que había promotores que se enteraban de que me estaba metiendo tal o cuál y no les apetecía contratarme.

-Hace poco comentabas que el típico fan de The Smiths es alguien que no capta todo lo que hay en The Smiths…

-Hablaba de un arquetipo de fan de los Smiths, pero bueno, la gente que conozco que es fan de los Smiths sí que creo que pillan eso, pero había un momento que había una especie de… y esto lo hablaba con un chico inglés que conocí hace tiempo, y me decía que en Inglaterra sobre todo, había vivido el momento en el que empezaron y que había mucha gente obsesionada con los Smiths pero que se los tomaban de una forma tan solemne que al final acababan simplificando un poco todo. Eran fans reduccionistas de los Smiths.

-Teniendo en cuenta entre otras cosas que tú siempre niegas, o al menos matizas la supuesta tristeza que otros atribuyen a tu música, ¿te sientes un poco como los Smiths?

A veces sí que me llega, por ejemplo, algún mensaje a la página web de gente que me toma más en serio que yo mismo, pero cuando tú haces canciones, creo en eso de que una vez que hago una canción y la grabo, deja de ser mía. La forma en que a alguien le afecte una canción es siempre lícita, no creo que tenga derecho a decir cómo la gente tiene que interpretarlas.

-¿Pero no crees que se quedan con tu lado “calimero”, una especie de nuevo Antonio Vega, “ese chico triste y solitario”?

-A mí me preocupa el hecho de caer en ese tipo de tópicos que no son más que reducciones de todo lo que hay. Hombre, en esa figura también hay algo atractivo, pero entendiéndolo bien, no tomándolo como una especie de sentencia, como una verdad teórica, eso del chico introvertido y más sensible de lo normal y todo eso. Porque depende cómo te lo tomes también puede haber mucho de mentira en ello.

-Yo creo que sí que eres consciente de esto y que has empleado fuerzas en defender el sentido del humor de Actos inexplicables, subrayando a partir de éste esa parcela de tu música empleando -por ejemplo- subtítulos como Cuatro dramáticas canciones de Nacho Vegas.

-Tiene que ver con una cosa de la música que sí rechazo, ese tipo de grupos “llorones” que en verdad lo que hacen es una música muy autocomplaciente, que parece que se están rebozando en un dolor que parece más impostado que otra cosa. Eso pasa mucho con ese tipo de grupos que suenan influidos por Nick Dracke, y en realidad Nick Drake sí que conseguía ser “ese chico triste y solitario” y dar una sensación de fragilidad increíble, pero a la vez hay algo muy perturbador en sus canciones. Muchos grupos que le citan como influencia consiguen a lo mejor sonar igual de frágiles, pero no tan perturbadores. Yo creo que en mis canciones —sobre todo a partir de Actos Inexplicables- hay una actitud más de renunciar un poco a esa fragilidad, pero no es algo que yo quisiera dejar claro, creo que es el tipo de canciones que de repente me he encontrado haciendo, que tiene un poco más que ver con la esencia de la música blues, que es sacar sentimientos muy dolorosos y ponerlos en una canción para echarlos afuera. Una vez, recuerdo que leí a Bob Dylan hablar de algo parecido, decía que los bluesmen blancos en vez de sacar afuera ese tipo de sentimientos dolorosos, casi como que los interiorizaban, y parecía como que se sentían a gusto con ellos en su papel de gente muy sensible y que sufre mucho. Si cantas algo doloroso es para paliar ese dolor. Es una forma de entender el pop y el rock que es lo que quiero dejar claro, pero creo que se desprende de las canciones. Las cosas que diga en las entrevistas o lo de Cuatro dramáticas canciones de Nacho Vegas no tienen la menor importancia.

-¿Lo hubieses subtitulado así si no hubieses escuchado ningún tipo de comentario?

-No lo sé, creo que sí porque, a pesar de que puede sonar a gracia, en realidad tiene un sentido un poco más profundo, diría yo. Te acordarás que te dije en su momento que se iba a llamar Drama, y tenía bastante que ver con el drama teatral, con hacer canciones como analogía de construir un personaje, y también tiene algo que ver con eso, no es sólo una especie de chiste. Creo que sí que hay algo dramático en las canciones, pero dramático en el sentido menos popular.

-Cuando te refieres a construir personajes, ¿hablas de las máscaras? ¿Hay un personaje Nacho Vegas artista?

-No, no es exactamente eso, es algo que ocurre en cada canción de manera diferente. Esto, que sale en Stanislavsky, es precisamente lo que pretendía hacer entender Stanislavsky a sus alumnos, que si para construir un personaje tenían que caracterizarse y disfrazarse no era para dejar de ser ellos mismos, sino para serlo aun más, para expresar cosas que de otro modo no sabrías expresar. Hacer canciones para mí tiene algo que ver con eso, es una analogía de construir una canción, pero no es que haya una máscara Nacho Vegas artista, simplemente es una analogía con lo de los personajes. Hombre, es lo que te decía antes, que cuando utilizas la vida real para hacer canciones, en ese camino que hay entre la vida real y la canción hay un proceso de transformación, y esa transformación, en el sentido de interpretar canciones, es un transformista, ¿no?

-Leopoldo María Panero afirmaba que la derrota es la única victoria posible. Tú que te reivindicas como perdedor, ¿estás de acuerdo o ésta no se trata sino de otra de las máscaras a las que sacas brillo?

-Pero “perdedor” aparece únicamente en Historia de un perdedor. Historia de un perdedor es de una especie de pícaro, de perdedor en el sentido de alguien que no estaba hecho para este mundo. Digamos que, de una forma muy ingenua aprendiendo a base de llevarse hostias. Y además en la canción, si te das cuenta, es la gente la que le llama “perdedor”, él no se llama “perdedor”. Las derrotas y los triunfos son conceptos muy relativos; hoy en día, por ejemplo, que se vende como coartada cultural y de una forma tan obscena lo del “triunfo”, como algo que hay que conseguir y que hay que competir para ello, ser famoso y guapo, me parece que tiene mucho sentido pensar que el único triunfo real es una derrota. En la música para mí triunfar tiene que ver con construir una obra, ponerme en la hipótesis de que pasen los años y mire hacia atrás y ver que lo que hice sigue teniendo para mí sentido, y para mí eso es triunfar. Si Alejandro Sanz saca disco ahora y vende 50.000 discos es un fracaso y si vende 3.000.000 es un éxito; esa gente mide el nivel de triunfo y fracaso de una manera totalmente opuesta.

-Entonces, ¿todavía no has alcanzado el final del camino, la meta en la que te considerarías “ganador”, que es lo contrario de “perdedor”?

-No sé si sería ganar exactamente, es como lo que decía Dylan —otra vez, si me permites- en la canción que dedica a Woody Guthrie, que lo único que desea es poder decir que fue un largo y duro camino. Es un deseo que expresa Bob Dylan en su primer disco y es una declaración de principios, porque eso es lo que podría significar triunfar, simplemente hacer lo que sabes que tienes que hacer aunque te cueste, aunque sea algo por momentos duro. Y claro, no tiene nada que ver con lo que hoy se entiende por triunfo.

-Se me ocurre algo que me contaste que te dijo Marcial, que el caballo era una droga para perdedores como él, argumentado sobre ti que eres joven, guapo, que tienes una novia que te quiere, sacas buenos discos, escribes, viajas…

-Te decía que, la heroína… (N. se levanta y corre al servicio a vomitar) Te decía que la heroína era una droga para llenar huecos y que, claro, yo no tengo derecho para quejarme de todo eso, pero poder hacer música es algo que me sirve de mucho para tirar adelante, pero eso no basta para ser feliz o ser moderadamente feliz.

-Todo es relativo ¿no?, como dices sobre Miguel “¿feliz con respecto a qué?”…

-En el fondo todas esas cosas no tienen nada que ver con lo que marca de verdad la vida de la gente, con mi vida, que es la conciencia que uno tiene de su vida. Eso es lo que probablemente impide a la gente ser feliz.

-¿Pero es serio el concepto de felicidad? Fernando Fernán Gómez contestó en cierta ocasión a la pregunta de si era feliz: “¿Pero usted por quién me toma?”

-La única manera en que me puedo imaginar a alguna persona siendo feliz, es no haberse hecho ninguna pregunta sobre su vida, sobre la condición humana. Y sin embargo, así, está lo que antes comentaba de la aflicción, incluso en gente que veo que no se pregunta qué sentido tiene vivir, es gente que también puede ser muy infeliz y sufrir, pero no de la misma manera que sufre alguien con una conciencia un poco más extrema de sí mismo, sino de esa manera sin darte cuenta de ello, resignada.

-Otra de las máscaras que se te puede otorgar es la de “Houellebecq”. En este disco, al ser más amplio en todos los sentidos que el anterior, reflejas un más que lógico desprecio por casi todo lo que te rodea, ¿se te puede llamar ahora cantautor protesta?

-Creo que en Gang-Bang y en En la sed mortal hay una especie de paisaje de fondo que, aunque creo que sigo hablando desde el yo máximo, pero sí que hay una especie de choque con el mundo civilizado, occidental. Esa manera de ver las cosas la tiene Houellebecq, pero a pesar de ser escritores muy diferentes también la tenía Celine y creo que es a veces una única salida necesaria, incluso el ponerte un poco cínico, aunque sea un acto un poco peligroso. Pero en Por culpa de la humedad, es una canción de la época de Actos inexplicables, la más antigua del disco y lo que hacía que no estuviera seguro todavía de ella era su visión determinista, es la historia del desencanto, de alguien que empieza a vivir con ilusiones en el amor y con los años se da cuenta de que las cosas no habían sucedido como esperaba y entonces tiene que optar por hacer algo tan extremo como matar a alguien de la manera más fría, sin que le suponga un problema moral. El hecho de llegar a eso, de cómo una persona noble puede llegar a matar.Y sin embargo lo que temía de esa canción era pensar demasiado en cómo la gente la tomara, sobre todo no quería que pareciera una canción que habla de malos tratos. El otro día, en una entrevista en la radio, me preguntó un tío, además me hizo mucha gracia porque, fuera de micro me preguntó: ¿Esta canción de qué va, de los malos tratos a las mujeres? Y le dije que no, que aunque era el tema de una tía a la que le dan hostias, ese no era el tema. Y nada más acabar la canción, el tío por el micro dijo que se trataba de una canción de los malos tratos.

-Yo también lo pienso: “Mona, calla, haz el favor. Mona, me haces enfermar. Ramona, ven aquí que te voy a reventar.”

-Se trata de una escena que debía haber sido idílica y de repente se convierte en un infierno y hace lo posible por salir de él, es de lo que habla la canción, pero no en concreto de eso, no hace una lectura social. Hay un paisaje en las canciones y una manera de verte en relación con él y con las cosas que pasan, y puede haber una denuncia implícita, pero no creo que sea la esencia de la canción.

-¿No se trata entonces de una reacción un tanto desproporcionada, matar por hastío?

-Evidentemente sí que hay violencia, pero es matar a alguien porque te hace la vida imposible, no sólo porque te hace la vida imposible con la violencia sino que te hace resignarte a una vida que no ofrece nada, e incluso una vez que te libras de eso no desaparece la sensación de haber fracasado y de hastío vital y cansancio de vivir. Es lo que me interesa contar en esa historia. Ese párrafo siempre da problemas en la canción y lo quería quitar, pero no sé, creo que me parecía necesario para la comprensión de la historia.

-¿En Stanislavsky, por ejemplo, tampoco hay intención de protestar?

-Sí que hay en algunas canciones una intención de protestar, como de gritarle al mundo. Tiene que ver —vuelvo a lo mismo- con el sentimiento de aflicción. Despreciar la mediocridad y a la vez darte cuenta de que formas parte de ella.

-Cantabas con Nosoträsh en Tres tristes tigres: “Y aunque nos sabemos los mejores”. No me creo que te consideres parte de la mediocridad, tu disco no lo es.

-Eso también es muy relativo, pero creo que estaba pensando en mí mismo desde un punto de vista moral. Uno a veces se encuentra siendo mezquino o haciendo daño sin necesidad o adoptando actitudes impostadas y en ese sentido sí que te ves un poco mediocre.

-Al decir que buscas un rey en tu interior, ¿es una forma de reflejar algún tipo de presión, creativa o no? ¿Asumes algún tipo de responsabilidad a la hora de crear?

-Me refiero a buscar dentro de ti mismo al ser creador, una especie de dios. Hacer canciones es para mí como intentar ordenar un poco lo que percibes como desorden, dentro de ti y alrededor tuyo, entonces lo que buscas también dentro de ti es un dios que te gobierne. Respecto a la presión, tengo claro que hay una sensación de hacer las cosas que sé que tengo que hacer; es lo que hace que no tenga más presión que ésa, que la que ya tengo yo mismo a la hora de hacer canciones como un acto moral, al ponerte obligaciones como puede ser la de la honestidad, que es una presión demasiado grande como para que la presión de la gente que espera cosas de ti te importe mucho en comparación.

-Podríamos entrar entonces en el debate de qué es ser artista. Personalmente, creo que lo que te convierte en tal y te diferencia de tantos y tantos, es que eres de los pocos que no han olvidado que desde el Romanticismo quedó abolida la dualidad vida/obra para ser algo común. ¿Eres consciente de que tal vez, también por esto se te puede acusar de que, a partir de la asimilación de ciertos patrones, tus “actos inexplicables” no se deben sino a un ejercicio de estilo?

-Una de las cosas que no entiendo de la gente que hace música, es la de ser creadores a tiempo parcial. Es gente que se plantea que tiene que sacar un disco este año y se pone a hacer canciones a partir de ahora y cuando estén, saca el disco, y si las cosas van bien sacaremos otro, y si no, nos tomaremos un descanso… Es lo que pasaba con Manta Ray y a mí no me satisfacía porque, para mí -para bien o para mal-, las canciones son algo con lo que me levanto y me acuesto y para mí sacar discos es un medio, una forma de ir ordenando las canciones. Nunca dejo de hacer canciones, de darle vuelta a las ideas. En cambio, todas esas bandas que sacan un disco dependiendo de si van a tener distribución en Europa o no, pues yo creo que tienen el riesgo de caer en ejercicios de estilo vacíos de contenido. No digo que tenga que ser así, también de esta forma se pueden sacar discos buenísimos, pero por mi experiencia, la gente que conozco me ha demostrado que no es así.

-Me refiero a que los autores de gran parte de la música que escuchas responden a ciertos patrones que, aunque con matices, pueden ser relativamente comunes, y que tú, al ser artista a tiempo completo, puedes ser acusado de aplicar estos patrones también a lo que no es la música.

-Espero que con el tiempo los discos hablen por sí solos. Está claro que pesa mucho más en mis canciones mi vida que los discos que escucho, aunque ellos formen parte de mi vida también.

-¿Serías capaz de decir lo que diferencia a un artista de alguien que no lo es?

-La diferencia está en si haces arte o entretenimiento. La industria cuando mete su mano lo que trata de hacer es coger entretenimiento y hacerlo pasar por arte. La diferencia entre uno y otro está bastante clara, el entretenimiento entra dentro de la esfera de las cosas racionales o funcionales incluso, haciendo las cosas con un plan muy preciso, un ejercicio con moldes o algo así o algo muy funcional que a la gente le distraiga por un rato y no le haga preguntarse nada de su vida, y en cambio el arte tiene más que ver con la esfera de las cosas irracionales, inexplicables, es como la religión.

-¿Pero no puede ir un poco también por modas? Hubo un momento en que nadie se creía a Tindersticks o nadie se creía a Corcobado, pero antes…

-En el caso de esos dos… son casos diferentes… Tindersticks me parecen un ejercicio de estilo más que otra cosa, pero tampoco quiero despreciar todo lo que sea ejercicio de estilo, hay algunos buenísimos y que pueden merecer la pena. La diferencia es la de mirar a las cosas de frente y llegando hasta el fondo, no como otro tipo de “artistas” que miran a las cosas de frente pero no hasta el fondo, sino como a través de ellas o algo así, y probablemente es lo que hacen Tindersticks, sin embargo Nick Cave con los Bad Seeds, que pueden sonar parecidos, sí que llegan hasta el fondo.

Creo que el arte es un proceso de creación individual, a partir de esto, ¿no puede considerarse cualquier tipo de creación en grupo como un ejercicio de estilo?

-Sí, puede ser. De hecho en las grandes bandas siempre hay una personalidad que manda. Hombre, creo que hay algo… es como por ejemplo cuando haces una película, en ella, el director es realmente el artista, pero para hacer esa película necesita un montón de cosas, necesita contar con otros artistas. También hay algo artístico en el proceso de construir, en el músico que te pone la banda sonora o en el guionista, hay un trabajo colectivo. Puede ser que en un grupo haga alguien las letras, otro que haga la música y un tercero que cante las canciones. Creo que son tres procesos en los que hay creación de verdad y puede salir algo colectivo de verdad. Ahora, cuando un grupo intenta hacerlo todo junto y revuelto, se reduce un poco la cosa, se convierten en grandes intérpretes de sus propias canciones, como mucho. Puede ser un proceso colectivo, pero se necesita un artista en el grupo de verdad para dirigir todo eso.

-¿Algún ejemplo?

-Sí, estaba pensando en Tortoise, un grupo en el que son tantos y que hace una música que no tiene mucho que ver con la canción de autor. Aunque sean un grupo, en realidad la persona de John McEntire es la que más pesa, y luego grupos clásicos como The Kinks con Ray Davies.

-En la película 24 Hours Party People, el actor que interpreta a Tony Wilson, afirma que el jazz es el último refugio de los músicos mediocres. ¿No crees que también se le puede aplicar a grupos como Tortoise o Manta Ray, que a veces siguen patrones cercanos a los del jazz?

-Sí, tiene que ver con el jazz como una de las influencias que el rock recibe, sobre todo los grupos así de los últimos años lo que se llama post-rock, no significa más que un rock que acumula influencias de jazz, de bossa nova, de música de cine, pero no creo que haya nada mediocre en el jazz, por lo menos si lo entiendes y lo asimilas bien. El jazz es esa música que puede ser la cosa más horrible del mundo o guay y muy excitante. Pero no hay cosa más horrible que el típico grupo de jazz —en Gijón hay varios- que se limita a seguir patrones y resulta todo lo contrario de lo que eran las grandes bandas de jazz, de lo que eran Miles Davis o John Coltrane, que era algo así como un improvisación en directo muy salvaje, excitante y con vida y en cambio estos grupos de jazz a los que me refiero consiguen que todo suene mecánico y frío y hacen interpretaciones musicales de lo más mediocre.

-¿Pero no crees que el post-rock ha sido, sí esta vez, un refugio para un gran número de bandas mediocres?

-Lo bueno de grupos como Tortoise es que incorporan al rock un gran número de referencias musicales, y en cambio muchos grupos se saltaron ese paso intermedio, hacían música a partir de Tortoise pero sin tener ese bagaje cultural que se le nota a Tortoise, y entonces sí que los frutos eran de lo más anodino. Sobre todo estoy pensando en grupos de post-rock en España. A mí últimamente en la gira me pasaron unas cuantas maquetas, y escucharon algo de Goodspeed you Black Emperor! y a Mogwai y a Tortoise y hacen algo basado en ellos sin darse cuenta de que detrás de esos grupos hay una cultura musical muy amplia. Me di cuenta cuando empezaba a hacer música con Eliminator Jr., que éramos muy jóvenes y flipábamos con Sonic Youth, con Dinosaur Jr y el único grupo de los sesenta que conocía era la Velvet, pero me he dado cuenta de que detrás de esa música había otra, The Stooges, Suicide… Yo flipaba con My Bloody Valentine pero me he dado cuenta de que antes estaba Brian Eno, pero bueno, eso es aprender a escuchar.

-Recuerdo al principio de la carrera de Sr. Chinarro que la prensa citaba gran número de influencias que luego Antonio Luque se encargaba de desmentir, afirmando que escucha a La Dama Se Esconde, a The Cure y poco más.

-Antes te decía que en mi música, los discos que escucho son sólo una parte y que en realidad pesa menos que todo lo demás, pues, Sr. Chinarro es el caso de alguien que con pocas referencias musicales, -porque tampoco escucha demasiadas cosas- le basta para hacer algo importante, porque Sr. Chinarro es Antonio Luque y él no tiene una gran cultura musical. Con talento supongo que se puede suplir las limitaciones que se tengan por otro lado, tanto interpretativas como musicales.

-La crítica por lo general te ha tratado muy bien, pero ha habido quien —a lo mejor con poco criterio- te ha situado al borde del ridículo, te ha comparado peyorativamente con Duncan Dhu, te ha tildado de demasiado clásico, otras en cambio de querer tomarles el pelo, de padecer el síndrome “Calimero”, etc. ¿Te apetece defenderte de alguna en particular?

-Imagino que sería más preocupante si contentase a todo el mundo, pero vamos, no creo que me tenga que defender, no considero que esté en un juicio.

-Entonces, cuando dices lo de los juicios que te quedan por perder, ¿a qué te refieres?

-Me refiero, no a la gente que me juzga, sino a mí mismo, a los juicios a los que uno se somete.

-Personalmente disiento del verso “no sabéis que yo ya no soy yo”, que, aplicado a Los Planetas y los supuestos viajes psicodélicos quizá no desentonaría mucho, pero que tratándose de ti y de la droga a la que te refieres, no me convence en absoluto. ¿No sería más lícito querer descansar de los demás que de uno mismo, como tú afirmas?

-Como te digo, pesa mucho más la conciencia sobre sí mismo que la que los demás tienen de ello.

-¿Se trata de descansar, como dices en En La Sed Mortal, de lo que odias sentir?

-Sí, es descansar de sentir y de pensar también. No dejar de pensar, pero sí eliminar el cansancio de pensar y de sentir y de saberse… del hecho de estar. La vida se convierte en una jodienda, es algo que hay que eliminar, en ese sentido hablo de otro yo. Hablar del yo y de la “otredad” es un tema moral que… Cuando digo “dejar de ser yo”, quiero decir dejar de ser yo para ser mi “otredad”, no para ser otra persona. No sólo utilizar, por ejemplo, drogas, sino a lo mejor otras cosas más valiosas como la música, que tiene tanto que ver con escapar como con limpiarse, o algo así, como tener la sensación de estar siempre sucio y hecho una mierda y utilizas la heroína como para darte una ducha. Cuando te metes en la ducha y sales pareces otro.

-Hace años, Tricky afirmaba que hacía música como coartada para que le tomasen en serio cuando se vestía de novia, que realmente era lo que le gustaba. ¿Utilizas tú la música como coartada para algo?

-No sé, me ha pillado por sorpresa, tendría que pensar porque puede ser que sí lo haga pero no te sabría decir. Supongo que la música vale para airear cosas de mi vida que de otro modo, si no fuera por la música a la gente le parecería una falta de vergüenza. El hecho de hacer canciones parece que lo valida de alguna manera.

-Aunque arremetes contra el cristianismo, tienes muy presentes conceptos cristianos como pueden ser la piedad o la culpa. Otra vez Pavese —si me permites-, afirmaba que una vez pasada la adolescencia, comprendemos que nosotros tenemos la culpa de cualquier cosa que suceda. ¿Estás siendo irónico o sigues en la adolescencia?

-Sí, pero fíjate que en En la sed mortal el sentimiento de culpa casi diría que es un pretexto para hablar de otras cosas. Aparentemente sí está más presente que en ninguna otra , pero en realidad creo que es como un punto de partida para al final acabar dando una visión bastante absurda de todo. Pero sí que está en Salitre. Es lo que decía también Antonio Luque, primero pasas esa etapa en la que después de las noches de borrachera, al día siguiente te sientes fatal por todo lo que hiciste y dijiste, pero ahora, decía que estaba en ese punto en el que al día siguiente se descojonaba de todo lo que hizo. En realidad no es más que un arma que tienes para luchar contra ello, pero sigue estando ahí.

-Tu nuevo humidificador…

-En esa canción hay algo de ironía pero hay algo también… Si te ríes es porque si no lo haces sabes que está perdido. Ironizo sobre ello porque sé que es algo difícil de conseguir y donde yo mismo he fracasado muchas veces. Es lo mismo que cuando te compras algo pensando que va a ser la hostia y luego no lo es.

-No humidifica, hace ruido y es caro…

-Un trasto.

-Podría llorar, pero me voy a reír, ¿no?

-Sí, sí, exacto.

-Un elemento muy presente en tus canciones es el mar…

-Sí, el mar… No quiero que se convierta en un comodín. A veces me refiero al mar simplemente y otras veces simboliza cosas muy diferentes. Pero es que es algo demasiado fascinante todo lo que representa el mar, algo que encierra cosas profundas y desconocidas, lo oscuro. Después de leer Moby Dick me di cuenta que no se puede hacer más poesía con imágenes, está toda en ese libro.

-Otro de los elementos muy presente es la voz doblada. ¿Pretendes transmitir con ello una especie de dualidad racional/visceral? ¿Es premeditado?

– Sí, sí. Me gusta doblar las voces, es algo que me interesa desde que escuché a Marc Bolan, o cómo lo hace Smog también, pero sí que cada voz tiene una mirada diferente. Una suele ser con más violencia y las otras más contenidas, aunque también encierran algo de violencia. El efecto que provocan juntas, esa mezcla de contención con violencia, sale algo diferente.

-Para acabar, ¿qué te hubiese gustado que te preguntase y no lo he hecho? O en general, ¿que te gustaría que te preguntaran y nadie lo hace? ¿Se nos escapa algo de Nacho Vegas?

-No se me ocurre nada en concreto. A ver, déjame el disco. (Pausa). No, creo que no hay nada… porque no me gustan mucho las entrevistas. (Gran pausa). Hay veces que me siento un poco malinterpretado, pero, como ya te dije, creo que no tengo derecho a corregir las interpretaciones de la gente, pero recuerdo que en la promoción de Actos Inexplicables había muchas veces que me preguntaban por las canciones autobiográficas y de contar mi vida en ellas, y les soltaba el rollo de siempre, que la realidad es importante pero que a veces el conductor… transciende. Y entonces a partir de ahí, pues hay algunos que me preguntan y se van al lado contrario, se creen que todas las canciones son ficticias. Pero vamos, creo que la gente debería estar por encima de que las cosas sean reales o no, porque son bastante normales.

Y, no sé, lo que te agradezco es que hasta ahora, eres… Con este disco todo el mundo me hizo alguna pregunta acerca de por qué me sentía atraído por la sordidez, por personas desagradables…

Fuente entrevista: www.limbostarr.com

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Podéis encontrar videoclips oficiales y vídeos de actuaciones de Nacho Vegas en www.tvs-videos-4theroad.net

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