Entrevista a Jonathan Franzen

 Publicado por el 28 Septiembre, 2011 a las 1:54  Literatura  Añadir comentarios
Sep 282011
 
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Entrevista publicada en Ñ

Entrevista a Jonathan Franzen , nacido en Norteamérica y uno de los principales valores de la nueva literatura estadounidense.

Jonathan Frazen publicó a finales del año pasado, en 2010, su última novela, Libertad, que le ha otorgado una popularidad extraña para uno novelista. Desde que el presidente de los EEUU hizo público su interés en leer la novela durante su vacaciones Libertad de ha convertido en un fenómeno de ventas y a su autor en portada de la revista Times.

Jonathan Franzen Time

Y eso extraño en una novela que bebe de los clásicos de la literatura en una época que parece premiar la novedad. El crítico Charles Baxter aseveró que “Franzen escribe como si el modernismo y el posmodernismo experimental no hubieran existido”, y al respecto Frazen ha contestado que “Si demoro tanto en la escritura es porque procuro servir a varios amos… Soy un lector que disfruta mucho de la novela modernista pero también disfruto de esa historia atrapante que te devora. Estoy convencido de que hay muchos lectores como yo, quieren algo formalmente desafiante pero, al mismo tiempo, divertido. Supongo que hay una negociación para satisfacer a los dos tipos de lectores pero ese es el escritor que soy. Y creo que lo que atrapa está relacionado con ese dar vuelta una historia desde diversos ángulos.”

Sin embargo, Frazen confiesa abiertamente que su principales referencias no son, desde luego, eso autores de los que Baxter lo separa “Siempre voy a las grandes novelas del siglo XIX como uno de los modelos más aptos. Me encanta sumergirme y volver las páginas, empezando con Dostoievsky y siguiendo con Proust, Thomas Hardy y Faulkner. Algunas novelas de Bellow lo logran también. Soy un fanático de William Faulkner, el tipo que estuvo en el momento justo y en el sitio indicado para crear esos libros increíbles. Aunque estén enraizados en el pasado, en los personajes de Faulkner siempre aparecen las ansiedades contemporáneas sobre la clase social, la cuestión racial y la sexualidad con una modernidad impresionante. En los alemanes modernos, todas las cuestiones psicológicas, esa materia profunda, sale a la superficie. Me interesan esos modelos para describir el paisaje social. Y lo hago porque puedo y me divierte mucho, no porque me proponga ser espejo de la realidad. D.H. Lawrence, por ejemplo, no está entre mis favoritos: él se acercaba a esa materia innombrable, tanteaba el camino, pero no lo hacía con humor. Quizá era demasiado sincero, ¿no? La ficción se volvió profunda con ellos

 Jonathan Franzen

Ante una novela como Libertad (Freedom) es necesario entender que entiende su autor por ese concepto de libertad tan desgastado hoy, “Y a mí me cuesta muchísimo hablar de la libertad en abstracto… Hay una dimensión muy cruda de la libertad en el sistema de consumo expuesto salvajemente en mi país. Se afirma que la única libertad que nadie puede quitarte es la de elegir entre numerosas variedades de un mismo producto. La libertad que maneja Hegel, que empieza en la necesidad, es completamente distinta. Yo deploro la idea superficial de libertad empleada para vendernos cosas, o usada para publicitar una mala política exterior. El epítome de esa libertad es el automóvil, centro de la cultura estadounidense que nos esclaviza y símbolo supremo de las elecciones. La tecnología digital puede ser su prolongación. Pero si uno mira la vida real de la gente, la ve oprimida y atrapada por esas decisiones y esos bienes supuestamente liberadores. Cuando uno analiza esa forma espuria de la libertad, ve que el primerísimo factor que la obstaculiza es la familia. Estamos esposados a una familia, es lo único que no elegimos. Eso duele, claro, porque hoy todos tenemos el impulso adolescente de ser libres de reinventarnos cómo se nos ocurra y la familia nos plantea un obstáculo y una frustración.”

Sin embrago, para Frazen esta libertad es similar y diferente en su país natal, los Estados Unidos, donde la libertad es un emblema nacional tan poderoso como su bandera, y en el resto del mundo occidental: “Es parecido en todo Occidente pero sí creo que un francés o un alemán sienten que hay límites en su nacionalidad. Si algo caracteriza a los EE.UU. es la ausencia absoluta de un límite semejante, digamos, de lo “nacional”. Aquí uno puede ser lo que se le antoje. Los europeos, en cambio, han vivido muy cerca unos de otros por siglos y saben bien que uno no puede tener ni ser cualquier cosa que se le ocurra. Al final del día es inexorable que un francés se sienta… un francés. Esto no necesariamente es malo. Cuando miramos los estudios que miden la “felicidad relativa” en cada país, los EE.UU. ranquean  muy bajo. Es un dato chocante en un país que promociona tanto la palabra libertad; es toda una refutación de que ésta nos hace felices.”

Una de las características de las novelas de Franzen es su interés por retratar el espíritu de la época contemporánea y su defensa de la novela como medio adecuado para presentarla, “la superioridad de la novela consiste en que permite descomponer una misma historia desde innumerables ángulos. Esto no es tan fácil de lograr en un cuento o en una película de una hora y media […]No creo que sea el único(medio) pero sí que sus desventajas son sólo aparentes. Lo que en principio representaría la desventaja absoluta de la novela para contener la época, es decir, que lleva un largo proceso escribirla –y el escritor vive preocupado porque el tiempo está corriendo y se adelanta mientras él sigue estancado estérilmente en resolver tal o cual detalle nimio, ¡llegará tarde con su obra!–, paradójicamente es su ventaja rotunda. En el aislamiento de la escritura, al dejar que sólo un rayo mínimo de actualidad entre en el encierro, se percibe mucho más que cuando uno anda por ahí afuera escribiendo blogs, twitteando y mirando TV todo el día. Aquellos que viven inmersos en el presente tienen mucha mayor dificultad para atender a lo que de verdad está pasando. La novela no sólo es de escritura lenta; también exige gran cantidad de tiempo del lector, eso da la oportunidad de tomar distancia de nuestra acosadora cultura del presente”.

Jonathan Franzen

La visión de Franzen conjuga, siguiendo un estilo muy característico en la novela que lo acerca al ensayo etnográfico, la importancia de lo supuestamente íntimo, como las relaciones familiares, donde “aunque los padres estadounidenses son proclives a sentirse “pares” de sus hijos, el lugar de los padres es ineluctable: la persona está sobredeterminada biológicamente a actuar como el mayor. Es un buen ejemplo de cómo la familia es un estorbo a este concepto tan radical de la libertad en nuestro capitalismo de alto consumo. Yo mismo me río y me encojo de hombros cuando me sorprendo actuando como el adulto que soy.” Hasta la importancia de las principales decisiones políticas para explicar la conducta y visión del mundo de cada una de las personas que habitan esa sociedad. Y de esta sociedad no tiene Frazen, tal y como lo muestra en Libertad, una visión muy optimista “los últimos años hemos sido grotescos, ¿no es cierto? Durante la administración de G. W. Bush, la política exterior y la nacional eran dos caras de la misma moneda. El corolario final en esos años era que ya no necesitábamos gobiernos, sólo necesitábamos corporaciones sólidas, ya se tratara de regulaciones o desregulaciones ambientales en casa, o de asegurar intereses comerciales en el extranjero. Una de las cosas más llamativas del capítulo Irak es que nos reveló el grado al que se privatizó la guerra, al punto de que se peleó y combatió por razones puramente comerciales. Esa fue una actitud muy distinta de la  habitual. Sí, creo que ese es nuestro “lado oscuro” y que Barack Obama marcó un gran cambio en esa materia. Nuestro propósito no debe ser sacar a otros países del medio a los empujones. Para aquellos que creen que el mundo se reduce a una gran corporación, Obama es un obstáculo.”

Tampoco es muy positiva la visión que Jonathan Franzen tiene de las nuevas tecnologías y su influencia sobre el ser humano “Internet opera tan al minuto que no da tiempo a pensar. Nunca vi una obra de arte superior salida de Internet, sino piezas que son colaterales o derivadas de algo genial que se gestó fuera de la red. Nunca crea algo a partir de la nada, sino que crea a partir de pequeños retazos de un montón de cosas. Lo que no quiere decir que no emplee Internet. De hecho, en 2008, debido a la campaña pro Obama, estuve bastante adicto al blog de un supermatemático y sus cálculos estadísticos. El analizaba las proyecciones de cada estado ¡actualizadas dos veces por día! Pero a la vez, este matemático tan sofisticado también parasitaba la información generada en diversas instituciones: ¡Internet no fabrica nada! Es otra distracción, un mecanismo que fragmenta la vida de la gente y le impide concentrarse por sobreestimulación. Es como la Coca-Cola, un hábito que engorda, te pudre los dientes y ni siquiera alimenta. A mí me preocupa cómo construir un libro que la derrote. Hoy tenemos el imperativo, como nunca, de crear historias atrapantes. La adhesión del lector ya no es automática; debemos encontrar procedimientos para recrear nuestro oficio obsoleto.”

Preguntado por los aspectos del ser humano que más le interesan bajo la vida actual y que ha intentado plasmar en sus novelas, Franzen sonríe antes de que la seriedad  vuelva a su rostro“¡Uy!, son tantos, pero seguro que no son los hallazgos que el New York Times pone en su tapa. Que la infancia se haya abreviado tanto me intriga, por ejemplo. Hoy la adolescencia comienza a los 10 años y se prolonga casi hasta los 70 en términos de auto percepción. Yo seguiré vistiéndome con ropa de adolescente por largos años. La reinvención de la enfermedad me sorprende, la medicalización de las adicciones cuando sabemos que se trata de una decisión voluntaria, la decisión de dejar que nos interpreten como enfermos, qué significa tener cincuenta años y vivir inmerso en una cultura mayoritariamente fabricada para consumidores de 19 años, desde Internet y los videojuegos hasta las películas, etc. Esas son preguntas que  me apasionan, son las que se hacen los escritores y seguirán siendo noticia en el futuro. E intento dar respuestas a estas cuestiones a través del estudio de mis personajes. Es muy difícil y lleva tiempo crear personajes complejos que, al mismo tiempo, sean queribles; esto siempre supone confrontar la vida fragmentada y hueca de nuestra cultura electrónica con un entretenimiento que les recuerde a los lectores la verdadera complejidad, la plenitud y las contradicciones de sus vidas. “

Jonathan Franzen y David Foster Wallace

Es conocida la batalla dialéctica que tanto Franzen, como su difunto amigo David Foster Wallace mantenía en vida, juega contra los escritores consagrados de la generación anterior: “No soporto la pretendida honradez moral de los autores llamados “serios”. Hay literatura popular extraordinaria y literatura seria muuuy pesada. Ian McEwan puede ser considerado un autor serio, o Coetzee… Updike nunca me gustó. La moral es algo tan importante que uno no debiera ponerse serio en ese asunto. Ante la moral, es mejor asumir un espíritu juguetón. Pensemos en Alice Munro, mi escritora viva favorita; sus personajes no se conducen con corrección pero ella no los juzga. Y cuando me gusta un escritor, me gusta todo lo que escribe. Hace poco releí El teatro de Sabath, de Roth, me gustó a pesar de que me salté unas cuarenta páginas… El libro suyo que más me gustó fue Goodbye, Columbus, o El lamento de Portnoy. Es decir, los primeros. Es un buen signo cuando todos los amigos que uno encuentra por ahí prefieren una novela suya distinta… Roth es un escritor bastante malo que, no obstante, consigue ser una figura heroica. Me irritaría que le dieran el Nobel por su escaso valor artesanal pero de algún modo se lo merece. Falla en los principales méritos del novelista: no sabe crear personajes salvo a él mismo y es un dialoguista penoso. Pero una vez que se pone en marcha llega a lugares insospechados, hasta el heroísmo. Siempre mantiene el humor, y eso está bien. ¡Que le den el Nobel, después de todo!”

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