Mar 172011
 
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Entrevista a J.M. Coetzee, escritor nacido en Sudáfrica y uno de los nombres más importantes de la literatura occidental de las últimas décadas. Recibió el Premio Noble de literatura en 2003 y numerosos otros premios prestigiosos. Autor de novelas del nivel de Desgracia, Las vidas de los animales, Esperando a los bárbaros, Vida y época de Michael K. o Infancia.

Esta entrevista a J.M. Coetzee, de las pocas que el escritor ha concecido, fue realizada por Mark Shechner en 2002.

-¿Quedó desilusionado con los Estados Unidos?
-La razón de mi partida fue más prosaica. Tras mi arresto, mi situación legal como extranjero en Estados Unidos -y también la situación legal de mi esposa y mis hijos- se hizo sencillamente insostenible.

-Desde Las vidas de los animales, los derechos de los animales, la conciencia animal y la vida del espíritu aparecen en sus novelas. Primero, están las conferencias de Elizabeth Costello en Las vidas de los animales sobre los filósofos, los poetas y los animales, y en Desgracia David Lurie intenta enmendar su vida trabajando en un refugio para animales. ¿Es algo realmente nuevo en su pensamiento?

-He tenido estas preocupaciones muchos años. En ese sentido no son un acontecimiento nuevo. Pero no ocuparon un lugar destacado en mi escritura hasta hace poco.

-Usted empezó escribiendo en el New York Review of Books sobre escritores y temas que parecían muy comprometidos. Política surafricana, literatura británica. Pero luego empezaron a aparecer ensayos sobre escritores internacionales, como Musil y Naguib Mahfuz. ¿Se trata de su esfuerzo por entrar en un diálogo más amplio con la literatura mundial o el descubrimiento del NYRB de que usted puede asumir y absorber obras literarias completas?

-He sido un oyente de radio desde que tengo memoria (hablo ahora de música). Me gusta no saber qué vendrá a continuación, Mahler o melodías gitanas o Hildegarde von Bingen. Me gusta la aleatoriedad. Algo parecido pasa con el New York Review of Books. Me gusta ver todo lo nuevo que surge. No forma parte, desde luego, de un proyecto a gran escala.

-Comenzando probablemente con Skvorecky en 1996 y más recientemente con Italo Svevo, Joseph Roth, Paul Celan, Robert Musil, Sándor Marai, Robert Walser y Franz Kafka, usted centra su atención en los escritores de Europa occidental y central, o bien de entreguerras o anteriores a la guerra, testigos de la ruptura del Imperio Austrohúngaro. ¿Tiene la Europa de los Habsburgo alguna resonancia especial para usted?

-Supongo que, tras la publicación de Esperando a los bárbaros, me clasificaron como cierto tipo de escritor de fin de imperios, y por tanto me asignaron los libros del imperio de los Habsburgo. No llegué a hacer reseñas de Kafka y Rilke y la otra gente que usted nombra por vía académica, que es la más habitual. No soy un especialista en literatura alemana, aunque sepa algo de alemán. Pero tomando su pregunta en su sentido más amplio, creo que hoy día todos recordamos a los Habsburgo con cierta añoranza. ¿Cómo consiguieron mantener unido ese mosaico demencial de alemanes, eslavos, italianos, magiares, musulmanes, judíos, cristianos occidentales y cristianos orientales durante tanto tiempo, y en el proceso hacer tales contribuciones enormes en filosofía, ciencia y artes?

-Para enlazar esto con Juventud, su novela más reciente en forma de memorias, encontramos a su protagonista, John, cuando no se siente perdido o desgraciado, fortaleciendo su intelecto para grandes empresas como leerse obras enteras, como por ejemplo la de Ford Madox Ford. ¿Debemos interpretar que John desarrolla hábitos mentales -la absorción de obras completas de autores- que más tarde le serán muy útiles, y quizás a usted también?

-Bueno, John quiere ser artista, y como aprendiz de artista eso significa para él no sólo descubrir cómo escribir poemas sino también descubrir cómo viven los artistas, cómo consiguen poner tanto romance, pasión y emoción en sus vidas (al menos, eso se rumorea). Aparte de eso, yo no daría más importancia al hecho de, como usted dice, leerse la obra completa de un autor. Es cierto que muchas personas, cuando se interesan en un escritor o escritora en particular, leen todas las obras suyas que encuentran.

-De nuevo, pensando en Juventud, veo a John resistiéndose a la mentalidad provinciana de la cultura literaria inglesa en favor de las mayores corrientes de la cultura mundial: Brodsky, Zbigniew Herbert, Neruda, Dostoievski y Beckett, las películas de Antonioni, Bergman, la pintura de Motherwell, la música de Bach. ¿Su decepción con Inglaterra le abre las puertas del resto del mundo?

-No funciona exactamente así. A pesar de su educación colonial, cuando llega a Inglaterra descubre que sus intereses son más amplios y más modernos que los que reinan en esa pequeña isla cerrada. Pero la Inglaterra de principios de la década de 1960 ya estaba empezando a tender la mano sin descanso al gran mundo.

-Por lo que he leído del libro, a pesar del sufrimiento de John, la década de los 60 en Londres parece ser una época fértil, cuando está absorbiendo cultura como una esponja, quizás incluso gracias al sufrimiento. ¿Voy bien encaminado?

– Sí, ciertamente, aunque dudo que el sufrimiento deba recomendarse como el marco mental adecuado para absorber cultura.

-Naipaul le resulta interesante: usted hizo la reseña de Media vida para el New York Review of Books en 2001. Como usted, él vino de las provincias a Inglaterra, pero parece haber tenido un camino más fácil para adaptarse. ¿Cree que usted y Naipaul son reflejo el uno del otro, como escritores que comparten algo más que los rasgos genéricos de sus situaciones respectivas: que ambos vinieron desde reductos del Imperio Británico para encontrar sus voces?

-Es un error generalizado, si me perdona el decirlo, pensar que los escritores están más interesados en escritores semejantes a ellos, o incluso pensar que los escritores están muy interesados en sus contemporáneos. Mi interés por Naipaul no es muy profundo, y estoy seguro de que lo mismo cabe decir de él respecto de mí. En cuanto a Inglaterra, permanecí allí sólo durante unos años y jamás he pensado en volver, mientras que Naipaul eligió establecerse. Poblador es una palabra llena de significado en la política poscolonial, y el establecimiento de Naipaul y su adaptación a la Madre Patria (Squire Naipaul, Sir Vidia Naipaul, etc.) es un acto de cuyo peso histórico él es consciente.

-Creo que a partir del año 2004 el premio Booker estará abierto a los escritores estadounidenses y a los de la Commonwealth. ¿Qué le parece?

-Si lo que dice es cierto, estaría encantado. La razón para excluir a los escritores estadounidenses ha tenido más que ver con la estructura de la industria editorial, con la división del mundo de habla inglesa en dos “territorios”, uno con Londres por capital, el otro con Nueva York, que con cuestiones de principio.

Fuente entrevista:

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/5783/J_M_Coetzee

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