Entrevista a Fernando León de Aranoa

 Publicado por el 20 Mayo, 2011 a las 1:43  Cine  Añadir comentarios
May 202011
 
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Entrevista publicada en decine21

Entrevista a Fernando León de Aranoa, director de cine nacido en España autor de grandes películas como Barrio o Los lunes al sol que ha presentado recientemente Amador, sobre la que pivota esta entrevista.

Resulta curioso que de momento Amador no se esté moviendo en el circuito de festivales.

Sí, hemos decidido seguir una estrategia de lanzamiento semejante a la de Princesas, y estrenar primero en salas. Luego la moveremos en festivales, pienso por ejemplo en Sundance.

Confía en el público…

Sí, la verdad es que confío mucho en el público. No sólo por que la gente vaya a ver la película, sino en general.

Es fundamental, si no hay público, no merece la pena hacer una película

Exacto.

La etiqueta de “cine social” aplicada a lo que hace, ¿describe bien su trabajo? ¿O qué pretende con sus películas?

Perfectamente no. No resulta exacto ni claro, aunque algo haya de eso. Yo siempre que he escrito películas, he querido sentirme obligado por los géneros. He hecho mucho género como guionista antes de dirigir, y me he atado a las convenciones del género, pero a la vez hay un rechazo en mí a convertir la realidad en un género, que lo social sea un género que se sujete a unas normas. No creo que sea así.

Además, no creo que una película pueda plasmar la forma de hablar de una sociedad. El mejor retrato que se puede hacer de la sociedad en que vivimos son las películas, las 70 u 80 películas que se producen al año en España sí dan para trazar una panorama seguramente exacto del tipo de sociedad que somos. Para bien y para mal, las virtudes, valentías, cobardías y miserias las proporcionan ese mosaico de películas, no una concreta que hagamos arrogándose esa facultad.

Pero sus películas comparten algo…

En todas mis películas hay un “algo” de tratar de contar el tiempo que vivimos. Yo me planteo las películas desde la curiosidad, para entender el mundo. Yo hice Familia para entender la familia, en un momento en que no entendía la familia. La rodé con 26 años, pero la escribí con 21 cuando no entendía nada. Esa película era como una mirada al mecanismo interno de la familia. Y así sigo, escribo para entender las cosas.

Aquí, en Amador, para entender cómo reacciona una mujer como Marcela, ante la situación que plantea la película. Cuando haces una película, dedicas 2 ó 3 años a ella, y espera que la gente reaccione, que al público también le sirva. Puede estar en acuerdo o en desacuerdo -esto último es bastante habitual-, pero con que siembre la duda, deje una cosita pequeña, arroje algo de luz, es suficiente. Y no sólo sobre conflictos sociales, que también, sino sobre al amor, la vida, las relaciones, la muerte… Este film habla más sobre todo que sobre inmigración. Lo que cuenta Amador nos afecta a todos, y lo podemos entender en mayor o menor medida.

En tal sentido, la secuencia de apertura, de enfrentamiento entre inmigrantes e inmigrantes, viene a decir eso…

Es verdad. Ese enfrentamiento, como dicen ellos, entre compatriotas. Esa escena no presenta el corazón de la película -a veces la primera escena tiene esa intención, pero no es el caso-, pero quería presentar el mundo en torno a Marcela. Y aparece el mundo de las flores, que me parece una metáfora sutil de su situación con Amador. Una escena de ese estilo la presencié en el poco trabajo de documentación de la película, y me pareció que servía para situar a Marcela y a su marido Nelson en su contexto. Quiénes son, dónde viven, qué hacen… Y me pareció interesante presentar ese conflicto entre inmigrantes, que no hacen más que reproducir el conflicto entre roles que nosotros tenemos aquí, la competencia feroz y desleal si con eso te va mejor.

Otro símbolo potente es el puzzle, o rompecabezas, como se dice en la película…

Se produjo un largo debate en el rodaje sobre la palabra… (risas) ¿Puzzle? ¿Por qué puzzle?, me decían los actores peruanos de la película. Y pensé, tienen razón, en castellano es rompecabezas. Y siendo Amador un señor mayor, parecía una palabra más adecuada.

La película cuenta cómo Marcela compone su rompecabezas. La situación vital con su pareja, sus desacuerdos, la situación económica, y lo que le ocurre en casa de Amador. Va dando sentido a lo que le dice Amador de que uno tiene las piezas, y que es su responsabilidad colocarlas en su sitio. La imagen le viene a Marcela continuamente a la cabeza, aunque no lo verbalice. De hecho yo a Magaly [Solier] le decía “en este momento es como si tuvieras una pieza del puzzle, y le estuvieras buscando una ubicación”. A veces no sabe qué hacer, no sabe cómo afrontar una situación, y yo la imagino como forzada por las circunstancias, sin apenas control, lo justo para que aquello no se derrumbe, se dedica a poner parches…

¿Cómo eligió a Magaly Solier? ¿La había visto en La teta asustada?

No, no la había visto, cuando empiezo con la idea de Amador, ni siquiera está hecha La teta. Necesitaba una actriz con rasgos andinos, y al ver su fotografía me pareció que era perfecta, y me decía a mí mismo, “por favor, por favor, que me sirva ésta”, y así fue, es una actriz estupenda. Escucha, le dices si puede hacer esto con estos matices, y yo pienso que a lo mejor ni ha entendido lo que le digo, pero veo que no sólo lo ha entendido sino que lo aplica al personaje. Tiene apenas 24 años y pienso que va a ser una gran actriz.

La imagen del rompecabezas también puede aplicarse al guionista y director, que debe esforzarse en que todo encaje, lograr que el espectador suspenda su incredulidad en algún momento…

Bueno, procuro que esté todo ahí, en la trastienda, que no falten las piezas, también en los pequeños detalles que no conviene desvelar en relación a la familia. En esto conecta con Familia, yo sabía cuando escribía el guión que la propuesta de partida era arriesgada. Plantea un conflicto muy extremo, y está en el filo de la verosimilitud y la inverosimilitud. Pero yo creo que todo lo que hace Marcela es posible, y que lo que se cuenta está pasando y va a pasar. Hablando con otras personas, me contaban cosas parecidas. Como cuando te cuenta que una persona, para ir a otra país, se ha subido al tren de aterrizaje. Me resulta inverosímil, como tantas historias de las pateras, o de gente que se ha ahogado muy cerca de la costa porque no sabían nadar.

Todo lo que tiene que ver con la supervivencia resulta inverosímil, porque se llegan a hacer cosas muy arriesgadas, difíciles de creer para los que no están en esa posición, como es mi caso. Hace poco terminé de leer “Las uvas de la ira” de John Steinbeck, y Tom Joad, el protagonista decía algo así como “No hace falta valor para hacer algo, cuando ese algo es lo único que puedes hacer”. Eso vale para Marcela. En ella pesa la vida que lleva dentro, que quiere sostener, y que en su casa no puede, su pareja no le entiende.

Es un puzzle, pero no en el sentido de haber tenido que hacer malabarismos. Lo es más en el conflicto, en el sentido moral del dilema tener que elegir entre lo que somos y lo que nos dicta nuestra conciencia, y  aquello a lo que nos empujan las circunstancias. Me gusta la situación porque habla mucho de la naturaleza humana, y de la sociedad.

Es verdad que encontraba difícil sostener la película, porque transcurre con muy pocos elementos, las dos casas, la farmacia… Y sí, tuve la sensación de puzzle, pero con la idea de que todo debía llevar a un final satisfactorio. Partes de una premisa muy alta, y has de saber acabar.

Empezó a escribir la película con el final claro.

Sí, sí. Con una premisa tan alta, debes ofrecer un final a la altura, el que corresponde. Hay finales malos, buenos, abiertos… Lo ideal es haberlo encontrado. Cuando empecé a vislumbrar la historia, a enamorarme de ella, me obligué a encontrar el final, no podía caer en una huida hacia delante como la de Marcela.

Habla de verse forzado por la necesidad, pero también tomamos nuestras decisiones.

Es lo que Amador dice a Marcela, sobre que a nadie va a poder echarle la culpa de sus decisiones, la responsabilidad de lo que hace es suya. Por supuesto, esto está en la película. Cuando hablo del dilema entre la conciencia y la fuerza de las circunstancias, pienso que a todos nos toca de cerca. Casi a diario tomamos decisiones que invitan a actuar según nuestra propia conveniencia, pensamos que nos va a ir mejor si hacemos esto o aquello, pero a la vez sabemos que debemos hacer otra cosa. Estos conflictos éticos y morales me interesan mucho. Nos diferencia del resto de los animales.

La elección de este caso extremo invita a pensar que se está perdiendo mucho en la sociedad en sensibilidad moral…

Sin duda. No quisiera ser apocalíptico ni dramatizar, pero hay un derrumbe moral en el siglo XXI que acabamos de pisar, que viene ya del siglo anterior. Continuamente ves la televisión y te preguntas “¿cómo es posible?”, el margen va cediendo, te vas adaptando, se aceptan cosas que hace 15 ó 20 años nos habrían parecido una locura. El andamiaje y estructura de decisiones que se tomaban desde un espacio ético se está desplomando.

Una película que me venía a la cabeza con Amador es Ladrón de bicicletas, que pienso que si se rodara ahora tendría como protagonistas a inmigrantes, lo que demuestra que su tema, como en mi película, no es la inmigración.

Llama la atención la humanidad de los personajes. No cae en el maniqueísmo, tampoco hay anatemas…

No, no, yo trato de entender a los personajes, que por supuesto no son perfectos. En el caso de Marcela uno puede entender lo que hace con Amador, por esa idea que tanto me atrae de que de la muerte viene la vida, y que yo quería subrayar. Pero uno puede discrepar del modo en que afronta la relación de pareja, por ejemplo… Ella es una persona religiosa, con fe, en la que pesa el sentido de culpa.

“Dios se esconde tras las nubes por vergüenza”, afirma Amador. ¿Vergüenza propia o ajena?, se pregunta Marcela. ¿Qué dice Fernando León?

Un amigo mío dice que la vergüenza ajena es propia (risas). Esta frase de Celso Bugallo remite a otra que pronunciaba en Los lunes al sol, “Dios no cree en los hombres”.

Quería recoger la religiosidad de Marcela. Ella arrastra un sentido de culpa por lo que está haciendo. Y se siente con la obligación de rezar por Amador, y por todos los muertos, y llega a pedir a la Puri [la prostituta] que rece también con ella. Las personas con fe encargan misas por sus difuntos, y los más adinerados dejaban su fortuna a monasterios para que les dijeran misas.

Está claro que nos movemos en un contexto cultural cristiano, aunque algunas cosas ahora nos suenen como a fantásticas. Y existe también un cristianismo de base, con planteamientos éticos y morales, de justicia, que está ahí, y con el que muchos hemos crecido.

Su película cuenta con una “princesa”, la Puri. Entiendo su presencia por exigencias narrativas, un personaje al que Marcela puede confiarse. Pero con respecto a Amador, como forma de satisfacer una necesidad física y afectiva…

En el caso de Amador tiene que ver sobre todo con la afectividad, sentir cariño y ternura, que es lo que Puri va a dar luego también a Marcela. Y también con los secretos, los diferentes personajes guardan secretos que los demás no saben, y el caso de Amador no es la excepción. Tengo un amigo doctor que me contaba que estaba convencido de que una paciente quería que le tomara el pulso, etc, para tener ese contacto físico. Hay unas necesidades que les empujan y que les llevan a la toma de decisiones.

Resulta curioso ver que tanto la Puri como el personaje del cura tratan de ofrecer ayuda a Marcela. La primera lo hace desde el conocimiento de lo que ocurre, en cambio en el caso del sacerdote las frases cobran un doble sentido, él no se entera de lo que realmente pasa…

Sí, bueno, él es un cura y hace su papel, intenta ayudar sinceramente a Marcela. Pero es coherente con el personaje de ella, con su sentido de culpa, que no sea capaz de decir claramente lo que le pasa, tiene miedo.

Sobre la pugna entre la vida y la muerte del film, parece claro el contraste entre el óbito de Amador, y la vida que Marcela lleva en su seno. Además se subraya que abortó en el pasado, empujado por el marido, pero que ahora quiere tener ese niño…

Sí, bueno, yo no digo que ella no diera su consentimiento a ese aborto…

Pero sí se dice que él no quería tenerlo, y ahora tampoco parece muy a favor…

Sí, eso es verdad.

Usted ha declarado que “La esperanza acaso sea, de todas, la forma más hermosa de la ficción”. ¿A qué se refiere exactamente?

Bueno, estoy pensando que la frase se puede entender mal, a ver si me explico. Para nada utilizo la palabra “ficción” en el sentido de “mentira” o “engaño”, una forma de negar la realidad. Me refiero a que como creador yo alimento la esperanza a través de las ficciones, las historias que cuento. De alguna forma, es dar sentido a las cosas, a la vida. En el fondo, es semejante a las personas que tienen fe, que tienen una religión. Necesitas algo para dar sentido a las cosas, a lo que ocurre en el mundo, y esto yo lo logro a través de la ficción.

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