Entrevista a David Foster Wallace en 1993

 Publicado por el 20 Noviembre, 2011 a las 16:19  Literatura  Añadir comentarios
Nov 202011
 
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entrevista a david foster wallaceAl parecer desde el pasado día 17 de noviembre (2011) debería estar disponible en las librerías la novela inconclusa de David Foster Wallece, El rey palido (The pale King).

Independientemente del valor de esta novela, que todavía no conocemos, David Foster Wallace era en vida, y mucho más tras su muerte, uno de los escritores más prestigiosos de la nueva narrativa americana, expresión bajo la que se ha agrupado a un buen número de jóvenes escritores norteamericanos. Las razones son muchas y los elogios ya se han agotado para hablar de la obra de David Foster Wallace.

David Foster Wallace

Dada la escasez de entrevistas con David Foter Wallace traducidas al castellano y el interés que el pensamiento de Wallace nos despierta nos hemos embarcado en la traducción de una extensísima entrevista  realizada por Larry McCaffery en 1993. El tema que articula toda la entrevista con Foster Wallace es la reciente publicación, por entonces, de su famoso ensayo sobre la televisión.

Nos disculpamos de antemano por los errores en la traducción, inevitables dado nuestro conocimiento limitado del inglés. Iremos publicando el resto de la entrevista a David Foster Wallace con el tiempo.

Larry McCaffery. Tu ensayo que sigue a esta entrevista va a ser visto por algunas personas básicamente como una apología  de la televisión. ¿Cuál es tu respuesta a la familiar crítica de que la televisión promueve relaciones con ilusiones o simulaciones de gente real (siendo Reagan una especie de ejemplo paradigmático)?

Foster Wallace: El ensayo es un intento de diagnóstico detallado, no una apología. La relación de los espectadores en Estados Unidos con la televisión es esencialmente pueril y dependiente, como son todas las relaciones basadas en la seducción. Esto no es nuevo.  Pero lo que es rara vez reconocido es que la relación de los espectadores con la televisión es, aunque degradada, intrincada y profunda. Es sencillo para los viejos escritores quejarse de la hegemonía de la televisión sobre el mercado del arte en Estados Unidos, decir que el mundo se está yendo al infierno en una caja y encogerse de hombros y han acabado con el asunto. Pero yo creo que los escritores más jóvenes se deben a sí mismos una visión más amplia del por qué la televisión ha llegado a ser una fuerza tan dominante en la conciencia de la gente, aunque tan sólo sea porque los que estamos por debajo de los 40 hemos empleado toda nuestra vida consciente siendo “parte” de las audiencias de la televisión.

La televisión puede ser más compleja de lo que la mayoría de la gente se da cuenta pero rara vez parece intentar “desafiar” o “perturbar” a su audiencia, como tú me has escrito que te gustaría. ¿Es esa sensación de desafío y dolor lo que hace tu trabajo más “serio” que la mayor parte de los programas de televisión?

David Foster Wallace: Tuve un profesor que me gustaba que solía decir que un buen trabajo de ficción debía tranquilizar a los perturbados y perturbar a los acomodados. Creo que una gran parte del propósito de las ficciones serias es dar al lector, que como todos nosotros está de algún modo aislado en su propio cráneo, un acceso imaginario a otros yos. Puesto que el sufrimiento es un parte ineluctable de ser un ser humano, parte de nuestro acercamiento al arte como seres humanos es para tener una experiencia del sufrimiento, necesariamente una experiencia indirecta, más como una especie de “generalización” del sufrimiento.  ¿Tiene esto sentido? Nosotros sufrimos solos en el mundo real; la empatía real es imposible. Pero si una obra de ficción nos permite identificarnos imaginariamente con el dolor de un personaje, quizás entonces podamos más fácilmente concebir que otros se identifiquen con el nuestro. Esto es nutritivo, redentor; nos vuelve menos solos internamente. Puede ser así de simple. Pero ahora nos damos cuenta de que la televisión y las películas comerciales y la mayor parte del arte con minúsculas – que sólo es arte cuyo objetivo primordial es hacer dinero- es lucrativo precisamente porque se da cuenta de que las audiencias prefieren un 100% de placer a una realidad que tiende a ser un 49% placer y un 51% dolor. Mientras que el arte “serio”, cuyo objetivo primero no es obtener dinero de ti, es más apto para hacer sentir incómodo, o que te fuerza a trabajar duro para acceder a sus placeres, del mismo modo que en la vida real el placer es normalmente un derivado del trabajo duro y el malestar (discomfort). Por eso es duro para la audiencia del arte, especialmente para los jóvenes que han crecido esperando que el arte sea 100% disfrutable y que ese placer llegue sin esfuerzo, leer y apreciar la ficción “seria”. Eso no es bueno. El problema no es que los lectores hoy sean tontos, no lo creo. Simplemente la televisión y la cultura del arte comercial los ha entrenado para ser un poco más vagos e infantiles en sus expectativas. Pero eso hace que enganchar a los lectores tanto imaginativa como intelectualmente sea más duro que nunca.

(David Foster Wallace)

David Foster Wallace

¿Quién imaginas que es tu lector?

David Foster Wallace: Supongo que es más o menos gente como yo, en su veintitantos o trentaitantos, quizás, con la suficiente experiencia o buena educación que se dé cuenta de que el trabajo duro de la ficción seria requiere a veces del lector un pago. Gente que ha crecido con la cultura comercial de los EEUU y están enganchados con ella e informados por ella y fascinados con ella pero que están todavía hambrientos de algo que el arte comercial no puedo ofrecer. Yuppies, supongo, e intelectuales jóvenes, quizás. Creo que esta es la gente para la que escriben la mayor parte de los escritores jóvenes que admiro – Leyner y  Vollman y  Daitch, Amy Homes, Jon Franzen, Lorrie Moore, Rick Powers, incluso McInerney y Leavitt y esos chicos-. Pero, de nuevo, los últimos veinte años han visto cambios muy grandes en como los escritores se relacionan con sus lectores, lo que los lectores esperan de cualquier clase de arte.

Los media parecen ser una de las cosas que más drásticamente ha cambiado esta relación. Han alimentado a la gente durante tanto tiempo con esta cultura televisiva procesada que las audiencias han olvidado de que va una relación con el arte serio.

Bueno, es demasiado simple estrujarse las manos y quejarse de que la televisión ha arruinado a los lectores. Porque la cultura de la televisión estadounidense no ha salido del vacío. En lo que la televisión es realmente buena – y date cuenta de que esto es “todo lo que hace”- es discernir lo que un gran número de personas creen que quiere y dárselo. Y puesto que siempre ha habido un fuerte y distintivo rechazo americano por la frustración y el sufrimiento, la televisión va a evitar esto como una plaga a favor de algo anestésico y fácil.

¿Crees realmente que este rechazo es distintivamente americano?

Al menos parece distintivamente occidental-industrial. En muchas otras culturas, si estás herido, si tienes un síntoma que te está causando sufrimiento, ellos lo ven como algo básicamente sano y natural, un signo de que tu sistema nervioso sabe que algo va mal. Para estas culturas, deshacerse del dolor sin haber localizado la causa profunda sería como desconectar la alarma de incendios mientras el fuego sigue vivo. Pero si te fijas en la cantidad de modos en los que tratamos de aliviar los síntomas en este país – desde los rapidísimos antiácidos a los musicales alegres y populares durante la Depresión – puedes ver una casi compulsiva tendencia a considerar el dolor en sí mismo como el problema. Y así el placer se convierte en un valor, en un fin teológico en sí mismo. Probablemente es más occidental que americano per se. Mira el utilitarismo – la más inglesa de las contribuciones a la ética- y verás una completa teología predicando la idea de que la mejor vida humana es aquella que maximiza el ratio placer-dolor. Dios, sé que suena muy pedante. Todo lo que digo es que es corto de miras maldecir la televisión. Es simplemente otro síntoma. La televisión no ha inventado nuestra estética infantilizada más de lo que el Manhattan Project inventó la agresión. Las armas nucleares y la televisión simplemente han intensificado las consecuencias de nuestras tendencias, han subido el riesgo.

(David Foster Wallace)

David Foster Wallace

Cerca del final de Westward the Course of Empire Takes Its Way hay una línea sobre Mark que “escogería un arquitecto que pudiese odiar lo suficiente para sentir los suficiente para amar los suficiente para perpetuar la clase de especial crueldad que solo los amantes reales pueden infligir”  ¿es esa la clase de crueldad que crees que falta en el trabajo de alguien como Mark Leyner?

Me temo que necesitaría preguntarte cual es la clase de crueldad al a que crees que el narrador se refería aquí.

Parece que implica la idea de que si los escritores se preocupan lo suficiente de sus audiencias – si les aman lo suficiente y aman su arte lo suficiente- ellos tendrán que ser crueles en sus escritos. Es “Cruel” el camino que sigue un sargento de adiestramiento del ejercito cuando él decide hacer pasar a los reclutas por un infierno, sabiendo el trauma que les está infligiendo a esos chicos, emocional, físico, sicológico, es sólo parte de un proceso que los va hacer más fuertes al final, preparándolos para cosas que ellos todavía no pueden imaginar.

Bueno, dejando de lado la cuestión de por qué los artistas deben decidir por los lectores que clase de material necesitan para prepararse para algo, tú idea suena bastante aristotélica, ¿no? Quiero decir, ¿cuál es el propósito de crear ficción, para ti? ¿es esencialmente mimética, capturar y ordenar una realidad cambiante? ¿O realmente se supone que debe ser terapéutico en un sentido aristotélico?

Estoy de acuerdo contigo con lo que dices en Westward sobre que el arte serio tiene que engranar un rango de experiencias; no puede ser meramente “metaficcional”, por ejemplo, tiene que tratar con el mundo fuera de las páginas de diversas maneras. ¿Cómo contrastarías tus esfuerzos relacionados con esto con esos involucrados en la mayor parte de la televisión o la mayor parte del arte popular?

Esta podría ser una forma de empezar a hablar sobre las diferencias entre los primeros escritores posmodernos de los 50s y los 60s y sus descendientes actuales. Cuando lees esa cita de Westward justo ahora, me suena como  un secreto resumen de mis mayores debilidades como escritor. Una es que tengo una grave sentimental afición por los gags, por el material que no es nada salvo divertido y que a veces incluyo sólo por la razón de que son divertidos. Otro es que a veces tengo problemas con la concisión, con comunicar solo lo que tiene que ser dicho de una manera enérgica y eficiente que no  llame la atención sobre la frase en sí misma. Sería patético para mi culpar al exterior de mis propias deficiencias pero todavía me parece que estos dos problemas están relacionados con esta esquizogénica experiencia con la que he crecido, siendo pedante y leyendo mucho, por un lado, y viendo grotescas cantidades de televisión, por otro. Porque me gustaba leer probablemente no vi tanta televisión como mis amigos pero aún así tenía mi megadosis diaria, créeme. Y creo que es imposible pasar todas esas boquiabiertas, babeantes, formativas horas delante del arte comercial sin internalizar la idea de que uno de los principales objetivos del arte es simplemente entretener, dar a la gente puro placer. Excepto con qué fin es esta entrega de placer porque, por supuesto, el objetivo real de la televisión es gustar, porque si te gusta lo que estás viendo sigues conectado. La TV es completamente desvergonzada sobre esto, es su única razón. Y a veces, cuando miro mi propio material siento como que he absorbido mucho de esta razón. Me veré a mi mismo pensando en gags o ensayando formas y veo que nada de este material está realmente al servicio de la historia en sí misma. Sirve al oscuro propósito de comunicarle al lector “ey, mírame, echa un vistazo a lo buen escritor que soy! Admírame !”.

Ahora, hasta cierto punto no hay forma de escapar de esto en conjunto porque un autor necesita demostrar alguna clase de habilidades o de mérito para que el lector confíe en él. Hay alguna extraña, delicada, confio-en-ti-no-para-que-me-jodas relación entre el lector y el escritor y ambos tienen que mantenerla. Pero hay una línea que no se puede ignorar entre demostrar habilidades y encanto para ganar confianza para la historia o simplemente mostrarlo. Puede convertirse en un ejercicio para cautivar y gustar al lector en lugar de un ejercicio de arte creativo. Creo que la TV promulga la idea de que el buen arte es tan sólo el arte que hace que a la gente le guste y dependa del medio que les lleva el arte a ellos. Parece una lección  venenosa para que un aspirante a artista crezca con ella. Y una de las consecuencias es que si el artista es demasiado dependiente de gustar, y así su fin real no es el trabajo sino la buena opinión de cierta audiencia, ella va a desarrollar una terrorífica hostilidad hacia esa audiencia, simplemente porque le ha entregado a ella todo el poder. Esto es el familiar síndrome amor-odio de la seducción: “realmente no me importa lo que digo, sólo me preocupa gustarte. Puesto que tu buena opinión es el único arbitro de mi éxito y valor, tienes un tremendo poder sobre mí, y te temo y te odio por ello.” Esta dinámica no es exclusiva del arte. Pero a menudo creo que puedo verlo en mí y en otros escritores jóvenes, este desesperado deseo de agradar acompañado de cierta clase de hostilidad hacia el lector.

En tu propio caso, ¿cómo se manifiesta esta hostilidad?

Oh, no siempre, pero a veces en forma de frases que no son sintácticamente incorrectas pero que son realmente una putada de leer. O aporrear al lector con datos. O empleando mucha energía en crear expectaciones y luego sentir placer en decepcionarlos.  Puedes ver esto claramente en algo como el American Psycho de Ellis: apela descaradamente al sadismo de la audiencia durante un tiempo pero al final es claro que el objeto real del sadismo es el lector en sí mismo.

Pero al menos en el caso de America Psycho yo siento que había algo más que este simple deseo de infligir dolor – o que Ellis estaba siendo cruel en el modo en que decías que los artistas serios necesitan estar dispuestos a ser.

Estas mostrando la clase de cinismo que permite a los lectores ser manipulados por la mala literatura. Creo que es la clase de negro cinismo sobre el mundo actual de la que Ellis y ciertos otros dependen para su número de lectores. Mira, si la condición contemporánea es desesperanzadamente despreciable, insípida, materialista, emocionalmente retardada, sadomasoquista y estúpida, entonces yo (o cualquier otro escritor) puede escaparse uniendo historias cuyos protagonistas sean estúpidos, insípidos, emocionalmente retrasados, lo que es fácil porque esta clase de caracteres no requieren ningún desarrollo. Con descripciones que son simples listas de productos de marca. Donde gente estúpida se dice basura insípida los unos a los otros.  Si lo que siempre ha distinguido la mala literatura –personajes planos, un mundo narrativo que es un cliché y no reconociblemente humano, etc.- es también una descripción del mundo de hoy, entonces la mala literatura se conviertes en una ingeniosa mímesis de un mal mundo.  Si los lectores simplemente creen que el mundo es estúpido y  poco profundo y mezquino, entonces Ellis puede escribir una mezquina estúpida novela sin profundidad que se convierte en un mordaz inexpresivo comentario sobre la mierda de todo. Mira, probablemente la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que estos son tiempos oscuros, y estúpidos, pero ¿necesitamos una ficción que no haga nada más que dramatizar como de oscuro y estúpido es todo? En tiempos oscuros, la definición de buen arte parecería ser arte que localiza y se aplica a aquellos elementos donde lo que es humano y mágico aún vive y brilla a pesar de la oscuridad de los tiempos. La ficción realmente buena podría tener una visión del mundo tan oscura como se quiera, pero sería un camino que representara este mundo y que iluminara las posibilidades  de estar vivo y ser humano en él. Puedes defender Psycho como una clase de representación de los problemas sociales de finales de los ochenta, pero nada más que eso.

Continuará…

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  2 comentarios en “Entrevista a David Foster Wallace en 1993”

  1. Gracias por la traducción y la publicación de la entrevista. Muy chula y muy interesante leer a Foster Wallace siempre. Justament ahora estoy leyendo “American Psycho” de Bret Easton Ellis, uno los libros que retrata esa época de los primeros años noventa y, quizás no nos dábamos cuenta, pero fueron unos años extraños… claro que ahora no podemos decir que haya mejorado mucho.

    En verano trataré de leer cosas con ejundia como a Foster Wallace, ¿por dónde sigo?

    • Hola, David,
      muchas gracias por el comentario. Seguiremos traduciendo la entrevista poco a poco, que es densa.
      Acaban de publicar la novela póstuma e inconclusa de Foster Wallace, que se llama el Rey pálido. Aunque he leído por ahí que efectivamente se queda a medias y que eso no es nada bueno. Yo en cuanto pueda la leeré pero te recomiendo algunos de los libros de ensayos o de cuentos (Extinción , por ejemplo, que una vez que pasas el primer cuento, que es muy duro, es fantástico) o, si te atreves, con La broma infinita. Es una de mis novelas favoritas pero hay que cogerla con ganas porque son más de 1000 páginas de Foster concentrado. Eso sí, si entras, disfrutas cada frase.
      Un saludo

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